Miguel Ruibal, sin título otra vez

24 de julio de 2014





Acrílico y tinta sobre cartón ligero
Barcelona, Julio 2014




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1969 - 20 de julio - 2014

20 de julio de 2014










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Henri Michaux: La noche se agita (Bilingüe - Fragmento)

7 de julio de 2014







I

De repente, el suelo de la habitación apacible muestra una mancha.
El edredón, en ese momento, emite un grito, un grito y un sobresalto; a continuación fluye la sangre. Se humedecen las sábanas, todo se moja. El armario se abre violentamente; de él sale un muerto y se desploma. No es nada divertido, desde luego.
Pero es un placer golpear a una comadreja. Bueno, luego hay que clavarla sobre un piano. Es imprescindible. Después uno se va. También se puede clavarla sobre un jarrón. Pero es difícil. El jarrón no lo resiste. Es difícil. Es una pena.
Un batiente abate al otro y ya no lo suelta. La puerta del armario se ha cerrado de nuevo.
Entonces escapamos, somos miles los que escapamos. Por todos lados, a nado; ¡cuántos éramos, pues!
Estrella de cuerpos blancos, que siempre brilla, brilla…


II

Bajo el techo inclinado de mi pequeño cuarto, está mi noche, sima profunda.
Precipitado constantemente a miles de metros de profundidad, con un abismo varias veces más inmenso bajo mí, me sujeto con la mayor dificultad a las asperidades, extenuado, maquinal, sin control, dudando entre el hastío y la porfía; el ascenso-hormiga prosigue con una lentitud interminable. Las asperidades, cada vez más ínfimas, apenas pueden leerse en el acantilado perpendicular. El abismo, la noche, el terror se unen más y más indisolublemente.


III

Ya en la escalera, empezó a no ser tan grande. Al llegar al tercero, en el momento de atravesar el umbral de mi cuarto, no era mucho más alta que una perdiz. No, no, entonces ya no me interesa. Una mujer, vale, una perdiz no. Ella sabía bien por qué la había llamado. No era para… ¡en fin!
En este caso, ¿por qué obstinarse contra cualquier razonamiento, y retenerme salvajemente por el pantalón?
El último puntapié que le he lanzado la ha hecho caer hasta la portería.
En realidad, yo no quería hacerlo. Ella me ha forzado, puedo decir. Creo que lo puedo decir.
Y ahora, al pie de la escalera, sus pequeños gemidos, gemidos, gemidos, como hacen todos los seres malévolos.

(...)


I

Tout à coup, le carreau dans la chambre paisible montre une tache. 
L’édredon à ce moment a un cri, un cri et un sursaut; ensuite le sang coule. Les draps s’humectent, tout se mouille.
L’armoire s’ouvre violemment; un mort en sort et s’abat. Certes, cela n’est pas réjouissant.
Mais c’est un plaisir que de frapper une belette. Bien, ensuite il faut la clouer sur un piano. Il le faut absolument. Après on s’en va. On peut aussi la clouer sur un vase. Mais c’est difficile. Le vase n’y résiste pas. C’est difficile. C’est dommage.
Un battant accable l’autre et ne le lâche plus. La porte de l’armoire s’est refermée.
On s’enfuit alors, on est des milliers à s’enfuir. De tous côtés, à la nage; on était donc si nombreux!
Étoile de corps blancs, qui toujours rayonne, rayonne…


II

Sous le plafond bas de ma petite chambre, est ma nuit, gouffre profond.
Précipité constamment à des milliers de mètres de profondeur, avec un abîme plusieurs fois aussi immense sous moi, je me retiens avec la plus grande difficulté aux aspérités, fourbu, machinal, sans contrôle, hésitant entre le dégoût et l’opiniâtreté; l’ascension-fourmi se poursuit avec une lenteur interminable. Les aspérités de plus en plus infimes, se lisent à peine sur la paroi perpendiculaire. Le gouffre, la nuit, la terreur s’unissent de plus en plus indissolublement.


III

Déjà dans l’escalier elle commença à n’être plus bien grande. Enfin arrivée au 3ème, au moment de franchir le seuil de ma chambre, elle n’était guère plus haute qu’une perdrix. Non, non, alors je n’y tiens pas. Une femme, bien! pas une perdrix. Elle savait bien pourquoi je l’avais appelée. Ce n’était pas pour… enfin!
Dans ce cas, pourquoi s’obstiner en dépit de toute raison, et me retenir sauvagement par le pantalon?
Le dernier coup de pied que je lui ai envoyé l’a fait tomber jusqu’à la loge de la concierge.
Certes, je ne voulais pas cela. Elle m’y a forcé, je peux le dire. Je crois bien que je puis le dire.
Et maintenant, au bas de l’escalier, ses petits gémissements, gémissements, gémissements, comme font tous les êtres malfaisants.



La nuit remue (1963)
Traducción: Marta Segarra
Foto: David Boeno: Henri Michaux, leçon sur la création poétique de Jorge Luis Borges au Collège de France, 1983


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Isaías Garde: El tiempo que dura una canción

27 de junio de 2014





¡Ah! El tiempo que dura una canción...
(Doc Riedenschneider en 
The Asphalt Jungle de John Huston)

esta vez no
pidió
monedas para la
rockola

la putilla esta
vez
prefirió la de
Juan

arranquemos
la cabeza al
vidente y hagámosla
kosher
para Salomé

y que no valgan
lloros hoy
ni mañana

ni al tercer día





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Edmond Jabès (1912-1991): Canción del extranjero/Chanson de l’étranger

22 de junio de 2014




Estoy en busca
de un hombre que no conozco,
que jamás fue tan yo mismo
como desde que lo busco.
¿Acaso tiene mis ojos, mis manos
y todos esos pensamientos semejantes
a las ruinas de ese tiempo?
Temporada de los mil naufragios,
el mar deja de ser el mar
transformado en agua helada de las tumbas.
Pero, más lejos, ¿quién sabe más lejos?
Una niña canta sin ganas
y reina la noche sobre los árboles,
pastora entre las ovejas.
Arranca la sed al grano de sal
que ninguna bebida calme la sed.
Con las piedras, un mundo se atormenta
de ser, como yo, de ningún sitio.


Je suis à la recherche
d’un homme que je ne connais pas,
qui jamais ne fut tant moi-même
que depuis que je le cherche.
A-t-il mes yeux, mes mains
et toutes ces pensées pareilles aux épaves de ce temps?
Saison des mille naufrages,
la mer cesse d’être la mer
devenue l’eau glacée des tombes.
Mais, plus loin, qui sait plus loin?
Une fillette chante à reculons
et règne la nuit sur les arbres,
bergère au milieu des moutons.
Arrachez la soif au grain de sel
qu’aucune boisson ne désaltère.
Avec les pierres, un monde se ronge
d’être, comme moi, de nulle part.





Versión de Carolina Massola
Cortesía
Foto © Jean Marc de Samie, 1990 Via


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Wallace Stevens: Dominio del negro (bilingüe)

12 de junio de 2014




De noche, junto al fuego,
los colores de los arbustos
y de las hojas caídas,
repitiéndose,
giraban en el cuarto
como las mismas hojas
girando en el viento.
Sí: pero el color de los pesados abetos
entró a grandes pasos.
Y recordé el grito de los pavos reales.

Las tonalidades de sus colas
eran como las mismas hojas
girando en el viento,
en el viento del crepúsculo.
Se arrastraban por el cuarto,
así como descendían volando desde las ramas
de los abetos hasta el suelo.
Los oí gritar… los pavos reales.
¿Era un grito en contra del crepúsculo
o en contra de las mismas hojas
girando en el viento,
girando como las llamas
giraban en el fuego,
girando como las colas de los pavos reales
giraban en el sonoro fuego,
sonoro como los abetos
plenos del grito de los pavos reales?
¿O era un grito en contra de los abetos?

Ventanas afuera,
vi cómo los planetas se agrupaban
a semejanza de las hojas
girando en el viento.
Vi cómo llegaba la noche,
a grandes pasos, como el color de los pesados abetos.
Sentí miedo.
Y recordé el grito de los pavos reales.


Domination Of Black

At night, by the fire,
The colors of the bushes
And of the fallen leaves,
Repeating themselves,
Turned in the room,
Like the leaves themselves
Turning in the wind.
Yes: but the color of the heavy hemlocks
Came striding.
And I remembered the cry of the peacocks.

The colors of their tails
Were like the leaves themselves
Turning in the wind,
In the twilight wind.
They swept over the room,
Just as they flew from the boughs of the hemlocks
Down to the ground.
I heard them cry -- the peacocks.
Was it a cry against the twilight
Or against the leaves themselves
Turning in the wind,
Turning as the flames
Turned in the fire,
Turning as the tails of the peacocks
Turned in the loud fire,
Loud as the hemlocks
Full of the cry of the peacocks?
Or was it a cry against the hemlocks?

Out of the window,
I saw how the planets gathered
Like the leaves themselves
Turning in the wind.
I saw how the night came,
Came striding like the color of the heavy hemlocks
I felt afraid.
And I remembered the cry of the peacocks.











En Domingo a la mañana y otros poemas
Selección, edición y notas: Daniel Chirom
Trad.: Alberto Girri
Buenos Aires, CEAL, 1988


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Juana Bignozzi: Sutherland. Retrato destruido de Churchill

4 de junio de 2014




vuelva a la vida
y pinte a una muchacha del 60 en la vejez
no soy Somerset Maughan mi cara y mi vida no tienen
tantos pliegues
ni he vivido en el filo de los límites
mi cara es la de una generación que ya es historia
pero puedo decirle como es su mirada y su vestuario en
la calle Corrientes
no se engañe con La Paz yo iba al Politeama con novios
impresentables
no tengo el rostro de las excedidas sino el de aquella
muchacha que colmada de alcohol volvía cada noche
a dormir a casa de sus padres
por los pliegues del retrato de Maughan sé que a usted le
gusta la visión normal
y me retrataría con un fondo turbio de cafés y trolebuses
y calles vacías de un barrio de inmigrantes
en esa casa nunca romperían su cuadro como hizo Missis
Churchill con el de su marido
porque en esa imagen devastada
él vería a la muchacha que no conoció
y con la que vive hace más de treinta años
me gustaría que diese vida a esa muchacha de izquierda del 60
Missis Churchill tenía prepotencia
nosotros la soberbia de la memoria












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Anita Andrzejewska, photographer: Turkey, Syria 2009

3 de junio de 2014























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Flor Garduño: Polvo de plata (2007)

27 de mayo de 2014





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Poemas de Perla Rotzait

20 de mayo de 2014




XVI

Porque te pesa
como un crimen oculto
buscar y decidir
Porque la vida
se acerca
y te descubre
Tienes la mirada lúcida
el gesto de espera
la sonrisa inquieta
de quien sabe


XXXVII

Rogaste que te vieran
y te enquistaste en ti

Tanto pudor sientes
de estar viva


VII

Sobrarán tus palabras
y nada quedará
de lo acercado al alma
hablando quedo

Y un vuelo de tigre
y una negación temerosa
borrarán tus palabras
y nada quedará


XVI

Tan calmo como puede estar
el corazón del hombre
—juntando el último
pequeño pedazo de tiempo—
descorrí el pasado

Y nada fue sol
como ayudarte a vivir


III

Antes de conocerte,
conocí ya
la intranquilidad
de transitar el día
nublado,
buscando
veredas nuevas
para el desasosiego.

Antes de saber
que no te vería ya,
antes de que lo supieses,
pues me acerco
y me voy cuando resuelvo,
supe ya
la intranquilidad
de habitar mis ángeles
con vuelos.
No es par ti que sufro.
No es par ti que temo.

Es por mí,
mensajera
del absoluto roto.
Caminante
de vida en el ensueño.
Jirones de tiempo.
Jirones de tiempo.
Que tan poco cubren
la culpa ancestral
de algún llamado.


A. miraba entre el humo de la pipa y la alta
ventana, el jacarandá florecido.
Se le acercó su hijo M. y le dijo,

—me duele la tristeza, pensó A.
—cuando la impaciente ira
cambia el nombre de los hombres
frente al mismo orden de las cosas,
es cuando llegan los años.
Intuyó un orden distinto.
Pero no alcanzó a ver al hijo de su hijo.


Había llegado al fondo de la locura,
por eso salió indemne.
Y cada día inició la reconquista,
—he aquí la calma—
y como ya nada pudo dolerle,
fue claro en su juicio.
Y cuando supo que el único
enemigo temible es el odio,
dejo de odiar a su enemigo.
Y su corazón admitió también
la maldad, pero nunca
el resentimiento,
—he aquí la calma— y finalmente eligió
el deber antes que el placer,
pues supo que el día del juicio
debería responder por lo que no hizo,
por no haber ejercitado las notas
que le fueron dadas,
habiendo podido.


9

El rey sabía que el condenado a muerte era inocente.
Y no tenía atribuciones ante el tribunal de la ocupación.
Recordó una vieja ley de la sustitución de los cuerpos.
Y exigió ser ajusticiado en lugar del condenado.
El rey sabía que un pueblo que odia es un pueblo
condenado y que un acto ejemplar puede salvarlo.


De donde todo el tiempo
es nada para la paz


Quise decirte olvido, simplemente,
—los actos olvidados—
y te dije: el tiempo es un aliado,
aguarda que cubra la memoria.

Quise decirte tiempo-memoria-olvido
simplemente, y te dije:
la espera es sangre de un rojo insoportable.


5

El dolor es el hueco donde alguna vez sucedió.
Es la niebla que olvida el contorno,
que olvida la transparencia donde alguna vez
sucedieron tu rostro, el color y la calma


46

El lenguaje es la columna vertebral.
No la quiebro.
A veces el silencio inventa
una estructura
una pared
un patio
un espacio donde tu ingenio
jugó tantas veces.


50

Pero mira:
la palabra es tan incierta
que nombra y para nombrar
se aleja de la palabra
y crea la metáfora
y las referencias a metáforas
antiguas
y si no sabes, si no estás inmerso
en los siglos,
la palabra es puro sonido
que no te contiene.


Arrodillado. Los rezos son confesión.
Una a una sus carencias.
Pero y sobre todo, el miedo.
Alejamiento, elección: el no puede competir.
Único. Único es su reino, único es su yo.
Se extiende en todo, y sobre todo el miedo.
No sabe competir.
No sabe repartir.
Todo y único. El mundo entero para él.
De otra forma, no existe.
La visión múltiple lo entristece.
Sólo cuando están muertos, acepta esa visión:
vivos, no sabe competir, no sabe compartir.
El universo es él.
Negárselo es proyectar sombras en la oscuridad,
imagen del aire en el espejo.
La imagen del aire traspasando el espejo.
Es así, sufre pero no puede.

Delgado sufrimiento, y sobre todo miedo.






Selección de poemas y entrevista
Carta de Cortázar a Perla Rotzait en Ignoria
Fuente foto s-d


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