E. E. Cummings: 73P:60

28 de febrero de 2015


2 pequeños quienes
(él y ella)
debajo de este
espléndido árbol
sonriendo (to
dos los reinos del dónde
y el cuándo remotos)
ahora y aquí
(lejos del adul
to mundo tú&yoísta
de lo conocido)
quién y quién?
(2 pequeños soy
y sobre ellos este
en llamas en sueños
increíble Es)






El uno y el innumerable quién
E. E. Cummings, 1976
Traducción: Ulalume González de León
Foto: E.E. Cummings by Manuel Komroff. 
Gelatin silver print c. 1933
Courtesy the National Portrait Gallery


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En la guarida de Chema Madoz

27 de febrero de 2015









El fotógrafo Chema Madoz, frente a una de sus nuevas obras
Exposición en Galería Elvira González de Madrid
Foto Bernardo Pérez
Fuente El País



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Miguel Sáenz: Un Thomas Bernhard misterioso y místico

22 de febrero de 2015


«Hay una luz que el viento ha extinguido»
GEORG TRAKLSalmo
Sabido es que, en sus años juveniles, Bernhard pensó que su vocación era la poesía. Y hay motivos también para suponer que, aunque luego fingiera olvidarse de sus primeros poemas (salvo los reunidos en Ave Virgilio), la poesía jamás se olvidó de él.
En 1958, Bernhard, a los veintisiete años, publica dos libros de versos: In hora mortis y Bajo el hierro de la luna. El verano anterior ha conocido a Gerhard y Maja Lampersberg, cuando estaba terminando sus estudios en el Mozarteum de Salzburgo, y el matrimonio se convierte en su mecenas. En el «Tonhof», mansión de los Lampersberg en Maria Saal (Carintia), Bernhard vivirá, con intermitencias, durante casi tres años. Allí absorberá cultura y refinamiento a cambio de humillaciones y allí conocerá a una abigarrada vanguardia artística, de la que un día se vengará atrozmente —como de sus benefactores— en su novela Tala (1984).
In hora mortis, aunque lleve la dedicatoria «A mi único y verdadero amigo G. L., al que encontré en el momento exacto» (dedicatoria que, por cierto, desaparecerá en una edición posterior) y aunque al parecer fuera «corregido» por el propio Lampersberg, debe muy poco a esa vanguardia. Quizá sea anterior incluso a otro libro publicado un año antes —Así en la tierra como en el infierno— porque Bernhard, en In hora mortis, no ha renunciado a encontrar a Dios. Es una poesía que adopta la forma de «salmos» y en la que el temor a la muerte lo invade todo. El desarraigo, la soledad, la resignación, el hastío, el duelo y la podredumbre son algunos de sus temas, pero Bernhard conserva la fe. Se siente literalmente «despedazado», pero, como ha escrito Peter Hamm, «quien escribe salmos, habla con Dios y no con los hombres».
En Bajo el hierro de la luna, que toma su nombre de un pasaje terrible del Woyzeck de Büchner, la poesía de Bernhard se hace más mórbida y mucho más oscura. El poeta se enfrenta a una Naturaleza agresiva y, junto a metáforas y construcciones propias de esa vanguardia («las rosas del yermo» dará título a un ballet al que pondrá música Lampersberg), aparece ahora un «radicalismo casi masoquista» (Meyerhofer), sin esperanza ni necesidad siquiera de salvación. La desintegración y el desmoronamiento se convierten en el tema central. Por otra parte, no sólo puede rastrearse, como en el libro anterior, la influencia innegable de Trakl, sino también la de Valéry, la de Baudelaire… y la de una gran poetisa austríaca, injustamente desconocida, que fue amiga de Bernhard en aquellos tiempos: Christine Lavant. Veinte años después, Bernhard escribirá en un ejemplar de Bajo el hierro de la luna esta dedicatoria: «Mi propio ejemplar, que hoy —7 de diciembre de 1980— me ha gustado mucho».
Es ya un tópico afirmar que en estos primeros libros de poesía de Bernhard se encuentran todos los temas y motivos posteriores que, desarrollados en su narrativa, lo convertirán en uno de los grandes escritores del siglo XX. No es cierto, aunque sí que algunos de esos temas, efectivamente, reaparecerán después y que, sobre todo, reflejan muy bien la personalidad del Bernhard joven y atormentado. Thomas Bernhard no revoluciona la poesía al modo de un Celan o una Bachmann: utiliza, reorganizándolos, materiales que recibe. Su gran estatura como poeta no se debe a sus innovaciones formales, sino a su inspiración profundamente enraizada en la vida y a su sensibilidad para el lenguaje.







Prólogo In hora mortis - Bajo el hierro de la luna
Título original: In Hora Mortis / Unter dem Eisen des Mondes
Thomas Bernhard, 1958
Traducción Miguel Sáenz
Foto: Thomas Bernhard, in Akademietheater, Viena 1976
by Barbara Pflaum / Hulton Archive (Getty)



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Francisco Alvez Francese: Visiones de Josephine (1883-1968)

18 de febrero de 2015



Proemio

Jo. Déjate encerrar por el cuadro.
Sé buena, Jo. Déjate apresar por los duros marcos.
No es que yo quiera atraparte,
sólo ahí, ese instante. Esa luz que te golpea la mejilla
tan suavemente. Este minuto en que el sol va saliendo
o se oculta lejos, tras las montañas (si lo prefieres, Jo,
serán cerros). El tren es todo vértigo, pero no lo notas,
Jo, querida. Los libros no nos permiten estremecernos demasiado.
Siempre dentro de los márgenes de la hoja, ¿sabes?
Pero también soñamos, Jo. También caemos torpemente
sobre duras camas. Y para ver el día, así, desnudándote,
te cubres de una luz espesa.

Creo ver un lento armatoste rojo cubriendo el horizonte
y el cuadro luminoso sobre el verde parduzco.
Pero no sé, todo está en mi memoria, y tal vez me equivoque, Jo.
Yo no sabía que tus manos alguna vez serían mías,
pero ya te pintaba desde la infancia.
En alegres farolas, en los pliegues de un mantel,
en la sonrisa lastimera de una sombra.
Estabas conmigo, siempre en mi paleta, en mis pinceles o como un cristo sobre los lienzos.
Y te vi otro día esperar a que terminara la función.
El cine es también un paraíso, Jo,
me gustaría morir en un cine, en medio de una proyección.
No importa, esperabas, con la mano apenas apoyada
sobre el rostro. Esperabas con tu traje azul con una raya roja
de acomodadora. Y yo te vi al pasar,
difusa entre el humo. Pero cuando quise acordar
el humo no existía. Y la acomodadora no existías,
pero Jo, Jo. Sí que existías. Existías
en la sala de espera de un hotel. Mirabas a tu viejo marido
y en frente, existías leyendo, distraída, el tercer tomo
de aquella novela.
Bueno, eso lo digo ahora,
tal vez leyeras el catálogo
de una tienda, o la Guía Azul.
Creo, tímidamente, recordar que tu vestido era azul.
Yo no sabía que un día podría quitarte
de un tirón, todos los vestidos reales o imaginados.
Y que tendría por la mañana el sabor de tu sangre en mi boca herida.
Pero así, te pintaba en los cristales y en el miedo y en el sueño.
¿Estarías de luto? No lo recuerdo, pero el tren es un vértigo.
Claro, todo pasa tan de prisa cuando uno camina mirando
casi por el rabillo del ojo
a la gente. Pero siempre te tendré, Jo, para completar mis alucinadas vibraciones.
Me gustaría ahora, Jo, que te quedes un instante quieta
sentada desnuda, como estás, sobre la cama. Apoyada en la pared
blanca. Estira las piernas, así, con tus tacones. Con las manos
entrelazadas sobre las piernas. Da vuelta la página. Imaginemos
por un instante, este instante,
que el día termina. Y que el horizonte, cubierto de luces raras
es inalcanzable. Pero que no importe, no, Jo, no llores.
Que no importe, que todo lo que importe
sea la tarde precisa, las cuatro maderitas del marco.



1931

Lista para partir. O quizá recién llegada.
La soledad del viaje no se parece a la otra soledad,
la de la cama. Pero a veces son la misma.
La soledad de separarse y que todo termine
una vez terminado. El vestidito rosado ¿no quiere
romperse? Y el pelo ¿no quiere soltarse?
Y el libro ¿no anhela, en tus manos, su destrucción?
Todo tiende a la disolución, a la muerte.
El verde al azul, el marrón al rojo, el amarillo al gris.
Todo tiende a desvanecerse. Los sombreros también,
y las doradas bisagras de las maletas.
Por eso la cortina está entrecerrada.
Pero no sabía nada de esto, buscando algo en las líneas
continuas e insistentes de letras. Pero cuidado: el libro
está en blanco. Y la piel transparenta toda la habitación.
Ella no sabía nada, ni por qué ni cómo ni dónde ni quién
recorta arbitrariamente los muebles o los marcos
de la puerta. ¿La habrá dejado abierta? Es claro que la puerta
estaba cerrada. Ella nunca estuvo ahí. Quién sabe.
Ese sofá, la cama, la ropa levemente apoyada, la entrevista
sandalia. Quién sabe.
Sólo una puerta blanca
vista al pasar
por el corredor
vacío de un hotel.


1952

Claro que él nunca estuvo aquí.
Es un personaje de la literatura, o es aquél hombre
que en noches calurosas supo tirar las sábanas
lejos, acariciar los muslos y la espalda, besar
por incontables horas el mismo círculo.
Pero ahora está. El espejo no refleja nada.
Y ella no mira. Ser vieja es una incomodidad,
pero no hay vejez en ella. Un vestido rosado,
el mismo que compró con su esposo, Edward,
en New York, en 1928. Pero claro, el tiempo
se confunde. Se mezcla. Y entonces
una mano de 1931 y una mano de 1915,
y los ojos de 1949 y los senos de 1908.
No hay tiempo para la vida. Por eso se detiene
a cada instante a pensarse.
El tren vertiginoso está atrasado.
El fantasma triste lo espera, a punto de dejar,
esta vez para siempre, el cigarrillo.
Como si todo esto importara. Las tapas
negras del libro, los verticales poemas
delatan la existencia de un orden.
El simple hecho de esta constatación,
de la luz de sol entrando por la ventana,
debería alcanzar. Ella está levantando los ojos
lentamente, del libro al hombre.
No sé qué visión o qué silencio los puso allí juntos,
para siempre. A punto de desaparecer o de corporizarse
en esta habitación, de luz ambigua.


1941

La luz del reflector atraviesa la sala,
ojos ávidos, metal de saxofones.
Siempre quiso volar. No había forma, le dijo,
de volar, sin precipitarse al vuelo.
Sin alzarse, completamente abstraída,
sin alas, sin ropa, sin ojos que determinen
la ligazón con el mundo. Levantando apenas
los pies, impulsada por una extraña congoja
y por la vibrante música.
No basta el dorado, todo el dorado del mundo
ni toda la firme seguridad de las tablas así dispuestas.
El vuelo requiere otras disciplinas.
La luz no es necesaria. La boca sí. También
la caída.
Pero no va a volar, claro. Es sólo una imagen
en un cuadro. No iba a volar tampoco
en su club, no era siquiera así exactamente.
Fue más fácil recordar sus pechos,
sus brazos, su pelvis, su cintura, sus piernas,
que el recuerdo que llevaba, como una seda,
entre las manos. Fue más fácil completar
en otros borradores la imagen fiel.
No hay nada real aquí. Nada que no lo sea.


Epílogo

Ya no están las dos casitas sobre los blancos médanos,
se han ido los últimos parroquianos del bar y el frío
de las cañerías ha despoblado finalmente los hoteles,
las plazas, los cines y las avenidas.
Los perros, finalmente, se han diluido, como manchas,
en el trigo.
Ya no queda el payaso, ni el hombre feliz, ni aquel verso
que leímos una madrugada. Ya no queda la vida.
Vayámonos.
Pero queda.


Cuadros de Edward Hopper relacionados:

Al Proemio
Hotel lobby
New York movie
Soir blue
Compartment C Car
Eleven a.m.
Morning sun
A woman in the sun
Night windows

A 1931
Hotel room

A 1952
Hotel by a railroad

1941
Girlie show

Al Epílogo
Nighthawks
Cape Code evening
Two comedians







Texto incluido en el poemario inédito
Troilo (2013)

http://www.edwardhopper.net/
http://www.edwardhopperhouse.org/

Crepúsculo en Arcadia, blog del autor [FB] 
Foro original color de Fernanda Sesto (2014)




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Ebru Sidar: Prayer

9 de febrero de 2015











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Wislawa Szymborska: Monstruo

30 de enero de 2015

 




   El ilustre Jorge Luis Borges publicó en cierta ocasión una enciclopedia sobre seres fantásticos. Siento decirlo, pero no la he leído. Solo sé que estaba dedicada a entidades clásicas que han resistido el paso del tiempo y se han labrado una reputación a nivel internacional: sirenas, medusas, leviatanes, etc. El libro de Jan Gondowicz viene a completar ese bestiario con creaciones de carácter más local, muchas veces olvidadas, extraídas de leyendas, relatos de viajes y lexicones medievales; pero también con conceptos relativamente recientes, de procedencia puramente literaria. El resultado es una obra realizada con maestría; además, el intento por parte de Adam Pisarek de sistematizar toda esta jauría por medio de tipos, clases, categorías y géneros es igualmente atractivo. Creo que ambos disfrutaron de un modo extraordinario con el trabajo. Pero también creo, no sin cierto pesar, que todos estos monstruos, tan dotados de poderes mágicos en otro tiempo, hoy solo causarían temor a los niños más pequeños. Recuerdo cómo, antaño, solía besar a las ranas que capturaba en el jardín con mi ineficaz heroísmo, y que cuando entraba en una habitación oscura pensaba convencida que algo pesado e inmundo se abalanzaría sobre mí emitiendo un chillido abominable. ¡Qué tiempos aquellos!, me gustaría decir... ¿Pero acaso significa eso que ya no quedan monstruos en el mundo de los que, en sus numerosas ediciones, ha despertado, despierta y siempre despertará un pánico atroz? No lo encontraremos en este libro porque, desgraciadamente, no es fruto de la fantasía. Al contrario, es muy real y su existencia de carne y hueso se aleja de cualquier dragón, hombre lobo o fantasma creado. Aquel que haya tenido la suerte de no cruzarse nunca con él cara a cara puede escucharlo y verlo cada vez que encienda su televisor. Ese ser se aparece algunas veces como la cabeza parlante de alguien y, otras, como una triunfal figura de cuerpo entero cuando dan las noticias sobre las guerras que hay en la actualidad. Trataré de describirlo tal como hace Gondowicz con sus bonachones monstruos. Solo que será muy complicado hallar algún rasgo bondadoso en la imagen anteriormente descrita. Al contrario, encontraremos más bien síntomas de que el objeto descrito es, a pesar de todo, digno de nuestra compasión... «Hombre corroído por el odio. Conocido desde tiempos inmemoriales. Nunca cambia; solo cambian los métodos que utiliza para conseguir sus objetivos. Medianamente amenazador cuando actúa solo, circunstancia que nunca dura demasiado, dado que es contagioso. Escupe. Siembra el caos creyendo que re-establece el orden. Le encanta expresarse en primera persona del plural, y aunque carece en un principio de cualquier motivo para hacerlo, estos van progresivamente apareciendo como resultado de la constante repetición. Se aparta siempre de la verdad en aras de un orden superior. Privado de cualquier sentido del [hu  mas!]* No le interesa conocer mejor el mundo ni a aquellos a quienes considera sus enemigos, y está en lo cierto al pensar que eso puede debilitarlo. Por norma general, ve sus brutales acciones como una consecuencia de la provocación de otros. No alberga dudas sobre sí mismo, y no desea las del resto. Es un experto, ya sea solo o en masa, en nacionalismo, anti-semitismo, fundamentalismo, lucha de clases, conflictos generacionales o todo tipo de fobias personales, a las que debe dar expresión pública. Dentro de su cráneo se encuentra un cerebro, lo cual no le molesta demasiado...»

Zoología fantástica completa 
Jack Gondowicz, organizado por Adam Pisarek 
Wydawnictwo Małe, 1995


[*] Error de digitalización, por el momento insalvable


En Lecturas no obligatorias. Prosas (descarga)
Título original: Lektury nadobowiązkowe
© Wislawa Szymborska, 1992
© Prólogo y traducción: Manel Bellmunt Serrano
Revisión traducción del polaco: Karolina Todorowa
© Ediciones Alfabia, 2009
Foto: Wislawa Szymborska, Krakow, 2009 -by Andrzej Banaś


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Jean Arp: Y golpea y golpea y golpea / Et frappe et frappe et frappe

24 de enero de 2015





y sigue golpeando y otra vez
y así a continuación
y una vez dos veces tres veces hasta mil
y vuelve a empezar con más fuerza
y golpea la gran tabla de multiplicar y la pequeña tabla
de multiplicar
y golpea y golpea y golpea
página 222 página 223 página 224 y así a continuación hasta la página 299
pasa la página 300 y continúa por la página 301 hasta la página 400
y golpea ésta una vez hacia delante dos veces hacia atrás tres veces
hacia arriba y cuatro veces hacia abajo
y golpea los doce meses
y las cuatro estaciones
y los siete días de la semana
y los siete tonos de la escala
y los seis pies de los yambos
y los números pares de las casas
y golpea
y golpéalo todo junto
y la cuenta está hecha
y da uno.

Versión de Jesús Munárriz



Et frappe et frappe et frappe

et frappe encore et encore une fois
et ainsi de suite
et une fois deux fois trois fois jusqu'à mille
et recommence de plus belle
et frappe la grande table de multiplication et la petite table de multiplication
et frappe et frappe et frappe
page 222 page 223 page 224 et ainsi de suite jusqu'à la page 299
passe la page 300 et continue par la page 301 jusqu'à la page 400
et frappe ceci une fois en avant deux fois en arrière trois fois en haut et quatre fois en bas
et frappe les douze mois
et les quatre saisons
et les sept jours de la semaine
et les sept tons de la gamme
et les six pieds des iambes
et les nombres pairs des maisons
et frappe
et frappe le tout ensemble
et le compte y est
et fait un.






Jean Arp, Jours effeuillés, Paris, Gallimard, 1966
Fuente
Foto: Jean Arp, 1949 -by Arnold Newman


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Marc Chagall – A retrospective 1908-1985′ at the Palazzo Reale, Milan

23 de enero de 2015




If I create from the heart, nearly everything works; if from the head, almost nothing.
Marc Chagall



Marc Chagall : Bride with fan (Sposa con ventaglio) 1911



Marc Chagall : Blue Lovers 1914




Marc Chagall : Self-portrait in profile 1914




Marc Chagall in his studio of Saint-Paul de Vence
by Jacques Gomot (ca. 1966-70s) 


Exhibition dates: 17th September 2014 – 1st February 2015

A bumper posting on this glorious artist – another who, too late, realised the threat of Nazi Germany and only survived deportation and death by the skin of his teeth. It would have been a sad loss, for he possesses an unbridled passion for life. Social conscience, mythology, iconography, place, identity, race, religion, beauty, war and tragedy. And the exemplary use of colour in his metaphysical, fantastical scenes.




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Joaquín Giannuzzi: Los pies en el Cristo de Grunewald

18 de enero de 2015





El nervio expuesto y condenado
hace de todo sufrimiento un principio general.
Todavía es la hora de descenso
y toda carne debe seguir aquí, resolverse
en una pesada concentración.
El tono de la pintura
define el desagüe de la masa desesperada.
La anatomía es gruesa, de tierra sangrada
y allí donde los dedos se enciman
-los caminos de este mundo están bloqueados
el límite de la torsión es crítico.
La promesa de toda resurrección tiende a la oscuridad
en las fibras musculares, giradas
sobre sí mismas. Cada detalle
aguarda un orgánico estallido,
pero el conjunto fija el tormento hasta el fin de los tiempos.
Un solo clavo y se acaba la vieja danza.








En Violín obligado (1984)
Imagen: Matthias Grünewald, La Crucifixión (Retablo del altar Isenheim)
1515 Museo Unterlinden. Colmar


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Wislawa Szymborska: Un gato en un departamento vacío
(español-inglés-polaco)

16 de enero de 2015






Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.


En Paisaje con grano de arena Descarga
Traducción de Ana María Moix y Jercy Wojciech Stawomirski
Hay otra versión en Poesía no completa
Edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano
Mexico, FCE, 2002



Cat in an empty apartment

Dying--you wouldn't do that to a cat.
For what is a cat to do
in an empty apartment?
Climb up the walls?
Brush up against the furniture?
Nothing here seems changed,
and yet something has changed.
Nothing has been moved,
and yet there's more room.
And in the evenings the lamp is not on.

One hears footsteps on the stairs,
but they're not the same.
Neither is the hand
that puts a fish on the plate.

Something here isn't starting
at its usual time.
Something here isn't happening
as it should.
Somebody has been here and has been,
and then has suddenly disappeared
and now is stubbornly absent.

All the closets have been scanned
and all the shelves run through.
Slipping under the carpet and checking came to nothing.
The rule has even been broken and all the papers scattered.
What else is there to do?
Sleep and wait.

Just let him come back,
let him show up.
Then he'll find out
that you don't do that to a cat.
Going toward him
faking reluctance,
slowly,
on very offended paws.
And no jumping, purring at first.


Traducción polaco-inglés: Joanna Trezeciak Vía


Kot w pustym mieszkaniu 

Umrzeć – tego nie robi się kotu.
Bo co ma począć kot
w pustym mieszkaniu.
Wdrapywać się na ściany.
Ocierać między meblami.
Nic niby tu nie zmienione,
a jednak pozamieniane.
Niby nie przesunięte,
a jednak porozsuwane.
I wieczorami lampa już nie świeci.

Słychać kroki na schodach,
ale to nie te.
Ręka, co kładzie rybę na talerzyk,
także nie ta, co kładła.

Coś się tu nie zaczyna
w swojej zwykłej porze.
Coś się tu nie odbywa
jak powinno.
Ktoś tutaj był i był,
a potem nagle zniknął
i uporczywie go nie ma.

Do wszystkich szaf się zajrzało.
Przez półki przebiegło.
Wcisnęło się pod dywan i sprawdziło.
Nawet złamało zakaz
i rozrzuciło papiery.
Co więcej jest do zrobienia.
Spać i czekać.

Niech no on tylko wróci,
niech no się pokaże.
Już on się dowie,
że tak z kotem nie można.
Będzie się szło w jego stronę
jakby się wcale nie chciało,
pomalutku,
na bardzo obrażonych łapach.
I żadnych skoków pisków na początek.


Foto: Adam Golec - Agencja Gazeta


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