Shakespeare: Enrique IV (Acto Cuarto, in fine)

19 de octubre de 2014





Rey
La sala donde me he desvanecido ¿tiene algún nombre particular?

Warwick
Se llama Jerusalem, mi noble señor.

Rey
¡Gloria a Dios! Ahí es donde mi vida debe concluir. Me fue profetizado hace muchos años que no moriría sino en Jerusalem, y entonces supuse vanamente que sería en Tierra Santa. Llevadme, pues, a esa sala. Es en esa Jerusalem donde he de morir.















Trad.: Luis Astrana Marin
OC, Madrid, Aguilar, 1951
Image: The "Cobbe Portrait," thought to be the only portrait of William Shakespeare painted during his lifetime, circa 1612, oil on panel, unknown artist. The Latin legend "Principum amicitias!" included at the top of the portrait translates as "The Friendships of Princes!" and is thought to be a quote from Horace's Odes, book 2, ode 1.

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Adonis: Musiques – I, in Commencement du corps fin de l’océan

13 de octubre de 2014




8

Ainsi, dans l’étreinte de la nature et du corps, nous devenons tempête
         nous nous apaisons
         pas de décision pas de stratégie. Nous suivons nos organes
         nous finissons nous commençons.

Nos corps
un seul astre
         nous échangeons nos tristesses
         échangeons nos membres
         nos corps un même sang




Traduction de l’arabe de Vénus Khoury-Ghata
Mercure de France, 2004
Foto original color: Mariusz Kubik/Wikimedia


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Mahmud Darwish: Toma mi caballo y sacrifícalo

12 de octubre de 2014





Tú, no mi obsesión de conquistas, eres mi boda.
He dejado a mi alma y a sus parientes, tus demonios interiores,
la libertad de plegarse a tus deseos.
Toma mi caballo
y sacrifícalo
para que, cual guerrero tras la derrota, yo camine
sin sueños ni emociones...
Paz a la fatiga que deseas,
al príncipe cautivo, al oro necesario para la celebración
del verano por tus seguidores. Mil paces para ti,
entera y plena con tus pretendientes, humanos o genios.
Paz a lo que has hecho de ti para
ti: la horquilla de tu pelo rompe
mi espada y mi escudo,
y el botón de tu camisa porta, en su luz,
la contraseña para toda clase de pájaros.
Toma mi aliento como si tomaras una guitarra que acceda
a tus deseos de viento. Toda mi Andalucía
está en tus manos. No descuides ninguna cuerda
para defender el alma en mi Andalucía.
Yo sabré, en otra época,
sabré que he logrado la victoria con mi desesperación,
que he encontrado mi vida, allí,
fuera de ella, junto a mi pasado.
Toma mi caballo
y sacrifícalo, para que yo porte mi ser,
vivo o muerto.







Mahmud Darwish 
Al-Birwa 13 de marzo de 1941 - Houston 9 de agosto de 2008
Traducción directa del árabe: María Luisa Prieto
Cortesía: Poesía árabe
Foto: Eamonn McCabe




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Pierre Reverdy - Corazón a corazón (bilingüe)

11 de octubre de 2014




Por fin heme de pie
He pasado por ello
Alguien pasa también por ello ahora
Como yo
Sin saber adónde va

Yo temblaba
Al fondo del cuarto el muro era negro
Y temblaba también
Cómo pude franquear el umbral de esa puerta

Se podría gritar
         Nadie oye
Se podría llorar      
         Nadie comprende

Encontré tu sombra en la oscuridad
Era más dulce que tú misma
Otrora
Estaba triste en un rincón

La muerte te ha traído esa tranquilidad
Pero hablas hablas todavía
Querría dejarte
Si sólo viniera un poco de aire
Si el exterior nos permitiera aún ver claro
Nos asfixiamos

El techo pesa sobre mi cabeza y me empuja
Dónde ponerme adónde partir

No tengo bastante sitio para morir
Adónde van los pasos que se alejan de mí y que escucho
Allá lejos muy lejos
Estamos solos mi sombra y yo
La noche desciende

De El tragaluz oval (1916)
Versión de César Moro



Cœur à cœur

Enfin me voilà debout
Je suis passé par là
Quelqu’un passe aussi par là maintenant
Comme moi
Sans savoir où il va

Je tremblais
Au fond de la chambre le mur était noir
Et il tremblait aussi
Comment avais-je pu franchir le seuil de cette porte

On pourrait crier
         Personne n’entend
On pourrait pleurer
        Personne ne comprend

J’ai trouvé ton ombre dans l’obscurité
Elle était plus douce que toi-même
Autrefois
Elle était triste dans un coin
La mort t’a apporté cette tranquillité
Mais tu parles tu parles encore
Je voudrais te laisser

S’il venait seulement un peu d’air
Si le dehors nous permettait encore d’y voir clair
On étouffe
Le plafond pèse sur ma tête et me repousse
Où vais-je me mettre où partir
Je n’ai pas assez de place pour mourir
Où vont les pas qui s’éloignent de moi et que j’entends
Là-bas très loin
Nous sommes seuls mon ombre et moi
La nuit descend

La lucarne ovale (1916) © Gallimard
























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Alí Ahmad Said Esber, Adonis

10 de octubre de 2014





Si je remue l'histoire et si je sors du royaume des ancêtres
C'est que je suis un enfant illettré
Qui marche dans le sillon des choses
Et découvre la magie des objets.














Le Livre, 2007
Photo: Lebanese poet Adonis
Paris, 1991 




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André Breton: Uli (bilingüe)

9 de octubre de 2014





Por cierto eres un gran dios
Te he visto con mis ojos como no vi a ninguno
Cubierto aún de tierra y de sangre te encuentras acabas de crear
Eres un viejo campesino ignorante
Para restablecerte comiste como un chancho
Estás cubierto de humana suciedad
Se ve que estás metido en eso hasta las orejas
No entiendes nada ya
Nos miras de soslayo desde un fondo de valvas
Que levantes las manos te dice la creación y tú aún amenazas
Aún inspiras temor aún maravillas



Pour sûr tu es un grand dieu
Je t'ai vu de mes yeux comme nul autre
Tu es encore couvert de terre et de sang tu viens de créer
Tu es un vieux paysan qui ne sait rien
Pour te remettre tu as mangé comme un cochon
Tu es couvert de taches d'homme
On voit que tu t'en es fourré jusqu'aux oreilles
Tu n'entends plus
Tu nous reluques d'un fond de coquillage
Ta création te dit haut les mains et tu menaces encore
Tu fais peur tu émerveilles
















Xénophiles, 1948
Versión Raúl Gustavo Aguirre 
En Poesía francesa contemporánea (De Baudelaire a nuestros días) 
Buenos Aires, Ediciones Fausto, 1974
Fuente en francés: André Breton, Océanie, Paris, préface d'André Breton
Introduction F. H. Lem, Galerie Andrée Olive, 1948
Foto: André Breton, Mexico, 1938, by Manuel Álvarez Bravo





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Patricia Damiano: Particiones

7 de octubre de 2014




I

aceitaron mis pies y esta frente
trenzaron mi cabello con aros de bronce
y ríos sucios

hubo
sólo
una sábana perforada
en la casa de las vírgenes

hubo
la esterilla nupcial


II

los harapos
resplandecían


III

y
luego
a través de las puertas secretas, embozados
prodigadores
de hijos

dieron batalla






Calamo currente
Own photo 2014



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Agota Kristof: Los viajeros del barco

6 de octubre de 2014





Me parece que el cielo se prepara para la lluvia. Quizá ya llovió mientras lloraba.
Es probable. Por encima de las palmas de mis manos, el aire ha tomado un color definitivo y, en comparación con las nubes negras, el azul es transparente.
El sol todavía está ahí, de través, a punto de ponerse. Las lámparas han hundido sus raíces al borde del camino.
En la noche desequilibrada, un pájaro herido emprende su vuelo oblicuo pero, desesperado, vuelve a caer a mis pies.


«Yo fui grande y fuerte —dice—. La muchedumbre tenía miedo de mi sombra que caía sobre ella cuando anochecía. Yo también tenía miedo cuando caían las bombas. Echaba a volar muy lejos y, una vez pasado el peligro, regresaba para flotar lentamente sobre los cadáveres.
»Yo amaba la muerte. Amaba jugar con la muerte. Encaramado en la cumbre de la lóbrega montaña, cerraba mis alas y, como una piedra, me dejaba caer.»Pero nunca llegaba al final.
»Todavía tenía miedo. Sólo amaba la muerte ajena.»No aprendí a amar mi propia muerte sino más tarde, mucho más tarde».


Cojo al pájaro entre mis brazos, lo acaricio. Sus alas libres están rotas.


«Ninguno de los amigos humillados volverá —dice él—. Vete a la ciudad. Allí todavía hay luz. Una luz que hará palidecer tu rostro, una luz que se parece a la muerte. Vete allá, adonde la gente es feliz porque no conoce el amor. Tan satisfechos están que ya no se necesitan entre sí, ni tampoco a Dios. Por la noche, cierran sus puertas con siete llaves y esperan pacientemente a que pase la vida».
—Sí, lo sé —le digo al pájaro herido— Hace muchos años yo me perdí en una ciudad donde no conocía a nadie. Poco importa dónde estaba. Hubiera podido ser libre y feliz, porque entonces no amaba a nadie.
»Me detuve a orillas de un lago negro. Una sombra pasaba, me miraba fijamente. ¿Acaso no era más que un poema que yo repetía sin cesar, o se trataba de una música? Ya no lo sé, en vano trato de acordarme. Estaba asustado. Huí corriendo.
»Yo tenía un amigo. Hace siete años se suicidó. No puedo olvidar el calor de los últimos días del verano, ni las lágrimas sin esperanza de los bosques bajo la lluvia.
—Pero yo —dice el pájaro herido—, yo conozco unos campos maravillosos. Si pudieras llegar hasta ellos, ignorarías tu corazón. Allá no hay flores, las hierbas ondean en el aire como oriflamas, esos campos afortunados son ilimitados. Sólo tendrás que decir: me gustaría descansar, tierra de paz.
—Sí, lo sé. Pero una sombra pasará. Un cuadro, un poema, un aire.
—Entonces, vete a la montaña —dice el pájaro— y déjame morir. No puedo soportar tu tristeza. Tristeza de los gestos, de los saltos de agua color ceniza, tristeza del alba transcurriendo a lo largo de los campos cenagosos».


Los músicos se reunieron en la montaña. El director de orquesta replegó contra sí las alas negras y los otros empezaron a tocar.
Su barco navegaba sobre las olas de la música, las cuerdas flotaban en el viento.
Los dedos ganchudos del más grande se clavaron en la madera. Los otros cuatro se quitaron la ropa, sus costillas se estiraban, sus rodillas se doblaban, sobre sus arterias danzaban unas arañas negras.
En el valle aún resonaba el sol, unas simples casas grises pastaban en el prado cuando el músico más fuerte, que se paseaba soñador por los trigales, se hincó de rodillas en la colina. Y cantaba en el fondo del barco aquel que fue el más feliz de todos.
Los demás no vieron las muletas del sol impotente. Un cuadro se pobló con los colores del cielo. En los ojos chispearon las estrellas venideras.
Entonces los hombres del barco cogieron a sus muertos, y llevándolos a cuestas miraron por última vez a tierra.












En Ayer
Título Original: Hier (1998)
Traducción de Manuel Pereira
Foto: Agota Kristof por Sophie Bassouls Paris 1986 Sygma-Corbis




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Homero: Himno a la Luna

5 de octubre de 2014




1
¡Oh Musas de suave voz, hijas de Zeus Cronida, hábiles en el canto! Enseñadme a cantar la Luna, de abiertas alas, cuyo resplandor sale de su cabeza inmortal, aparece en el cielo y envuelve la tierra, donde todo surge muy adornado por su resplandor fulgurante. El aire oscuro brilla junto a la áurea corona y los rayos resplandecen en el aire cuando la divina Luna, después de lavar su hermoso cuerpo en el Océano, se viste con vestiduras que relumbran de lejos, unce los resplandecientes caballos de enhiesta cerviz y acelera el paso de tales corceles de hermosas crines, por la noche, a mediados del mes, cuando el gran disco está en su plenitud y los rayos de la creciente Luna se hacen brillantísimos en el cielo; indicio y señal para los mortales. En otro tiempo el Cronida unióse con ella en amor y cama; y, habiendo ella quedado encinta, dio a luz a la doncella Pandía, que descollaba por su belleza entre los inmortales dioses.

17
Salve, reina, diosa de níveos brazos, divina Luna, benévola, de hermosas trenzas; habiendo empezado por ti, cantaré las glorias de los varones semidioses, cuyas hazañas celebran con su boca amable los aedos servidores de las Musas.






En Himnos Homéricos (XIX)
Traducción directa del griego: Josep Banqué i Faliú
Imagen:Busto de Homero (British Museum))
Ilustración de la obra The Story of Troy de Michael Clarke, 1895


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Kjell Askildsen: El significado

24 de septiembre de 2014




Ella llegó sigilosamente a casa, no encendió la luz. Él se despertó justo cuando ella se estaba acostando. Preguntó qué hora era. Las dos, contestó ella. Él preguntó qué tal había estado. Bueno, contestó ella, no ha estado mal. Él necesitaba ir al baño, se había bebido tres cervezas antes de acostarse, sobre las doce. Miró su reloj. Eran las tres. Son las tres, dijo al volver al dormitorio. Ah, bueno, contestó ella, dispuesta a acurrucarse junto a él. Él se apartó y dijo: Cierran a las dos. Me acompañaron hasta casa, dijo ella, el tipo se parecía a Stalin, bueno, no exactamente hasta casa. No quiero seguir, dijo él. No me acosté con él, dijo ella. No quiero seguir, repitió él. No es fácil venirse directamente a casa, dijo ella. Claro que no, contestó él. Había un tipo que quería acostarse conmigo, pero le dije que estaba casada y entonces se marchó. ¿De verdad se lo dijiste? Qué valiente por tu parte. No me quieres nada, dijo ella. Ahora quiero dormir, dijo él. Todo lo que hago está mal, dijo ella. Él no contestó. No he hecho nada malo. No, qué va, dijo él. El tipo sólo intentaba mostrarse amable, dijo ella. Claro que sí, contestó él, durante una hora. Lo que pasa es que estás celoso, dijo ella. ¿Sólo eso? preguntó él. Ni siquiera te atreves a preguntar si me besó, dijo ella. Así es, dijo él, o si tú le besaste a él. No significó nada, dijo ella. Claro que no, dijo él, esas cosas nunca significan nada, ¿qué pueden significar? Claro que no significan nada, lo único que significa algo es... ¿Qué?, preguntó ella. Nada, nada, contestó él.
















En Cuentos reunidos
Traductor: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
©2010, Kjell Askildsen
Foto: Siv Dolmen
Video: En FILBA Buenos Aires 2011

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