Vaslav Nijinsky - Diario
(Fragmento inicial y Prefacio de Romola Nijinsky a la edición de 1963)

17 de febrero de 2011








La gente dirá que Nijinsky finge estar loco a causa de sus malas acciones. Las malas acciones son algo terrible y las detesto, no quiero cometerlas. Si de hecho he cometido errores, es porque no comprendía a Dios. Todas las personas tienen «sentimiento»(1), pero para ellas la naturaleza de ese sentimiento es algo oculto. Y para explicarla quiero escribir este libro. Muchos observarán que en él no expongo sino opiniones personales; lo que pasa es que estoy convencido de que mi punto de vista es acertado, pues me ha sido transmitido por Dios. Dios está en mí. He cometido errores, pero los he reparado con mi propia vida y sufriendo a causa de ellos más que nadie en este mundo.

Invité a algunos amigos a acompañarme a Maloja, que está a unos kilómetros de Saint-Moritz. Con buen tiempo es un paseo en coche encantador. Amo la naturaleza, y en especial la que puede contemplarse en Rusia. Amo el país en el que fui criado, pero a mi mujer Rusia le da miedo. A mí apenas me importa el lugar en que se desarrolla mi vida. Yo vivo donde Dios quiere. Y si me lo ordena, acepto pasar mi existencia viajando. He dibujado un retrato de Cristo sin bigote ni barba y con el pelo largo. Me parezco a Él; pero su mirada es de una fijeza serena, mientras que mis ojos escudriñan en todas las direcciones. Yo soy un hombre de movimiento, no de inmovilidad. Mis costumbres son diferentes de las de Cristo. A él le gustaba la inmovilidad, mientras que a mí me gustan el movimiento y la danza.

Ayer estuve con mi pequeña Kyra (2). Está pasando una desagradable bronquitis. No sé por qué le aplican un inhalador con un medicamento. Estoy en contra de todas las drogas. No me gusta que las personas las tomen. Las medicinas tienen algo de artificial. La gente piensa que son necesarias y conozco a personas que recurren a ellas habitualmente. Las medicinas son útiles sólo como ayuda, pero sólo la naturaleza puede devolver la salud o conseguir su restablecimiento. Tampoco a Tolstoi le gustaban las medicinas. A mí me parecen bien cuando son necesarias. Pero mantengo que son inútiles. Y así lo digo porque así es; si no me creéis, tanto peor. Yo creo a Dios, y por ello tomo nota de todo lo que me dice.

Dice mi mujer que en la reunión de la pasada noche (3) me comporté enteramente como si fuera un espiritista. Le digo que yo no me comporto como lo hacen los médiums en las sesiones espiritistas. Las personas en trance espiritista parecen borrachos, y yo no estaba borracho, sabía lo que estaba haciendo. No soy un borracho, pero sé qué es una borrachera porque las he tenido bebiendo vino. No me gusta que las personas beban ni me gusta que se dediquen a las sesiones de espiritismo. Es malo para la salud.

Quiero hablar de Nietzsche y de Darwin porque ambos eran hombres de pensamiento. Darwin creía que el hombre desciende del mono. Y creyó haber descubierto una nueva teoría. Por la mañana le he preguntado a mi mujer por Darwin y por Nietzsche; siento compasión por este último. Me gusta. Él me hubiera entendido. La teoría de la naturaleza de Darwin es falsa. Él no sentía la naturaleza. La naturaleza es la vida y la vida es la naturaleza. Yo, que la amo, sé qué significa esto. Y lo comprendo porque la siento, y la naturaleza me siente a mí. La naturaleza es Dios, y yo soy la naturaleza. Soy un hombre viviente. La naturaleza es algo encantador. Sé que estudiarla me ayudará. Pero este estudio lo hago yo solamente a través de los sentimientos. Por la grandeza de mis sentimientos comprendo qué es la naturaleza. Los monos forman parte de la naturaleza, y también los hombres, pero un mono no tiene la naturaleza del hombre. Yo tengo el sentido del movimiento y me muevo con sencillez, mientras que los movimientos de un mono son complicados. El mono es estúpido. También yo soy estúpido, pero tengo juicio. Soy un ser dotado de juicio, mientras que un mono es un ser que no tiene juicio. El hombre procede de Dios; y Dios no es un mono. El hombre es Dios. El hombre tiene brazos, y también los tiene el mono. Por otra parte no ignoro que, orgánicamente, el hombre se parece al mono, pero espiritualmente no. Los monos, descendientes del mono, fueron creados por Dios. Y Dios procede de Dios. Yo soy un hombre de origen divino, no simiesco. Yo soy Dios si siento a Dios. Sé que muchos me admirarán, lo que me hará feliz, pues significará que he alcanzado mi objetivo.

Quiero bailar para ganar dinero. Quiero regalarle a mi mujer una casa entera en la que no falte nada. Ella quiere tener un niño que sea mi reencarnación, pues teme que yo muera pronto. Cree que estoy loco, idea que se le ha ocurrido por pensar demasiado. Yo pienso poco, y gracias a ello comprendo todas las cosas que siento. Experimento mis sentimientos a través de la carne, no a través del intelecto. Y yo soy la carne. Soy el sentir. Yo soy Dios en carne y en el sentir. Soy hombre, no Dios. Y soy sencillo, no necesito pensar. Y he de hacerme sentir y comprender sólo por medio del sentimiento. Al pensar en mí los científicos se rompen la cabeza, pero sus pensamientos no darán conmigo ningún resultado. Son unos estúpidos. Mi modo de hablar es sencillo, está desprovisto de malicia.

El mundo fue hecho por Dios, y también el hombre lo fue. Al hombre le resulta imposible comprender a Dios, mientras que Dios comprende a Dios. El hombre es parte de Dios, de ahí que en ocasiones comprenda a Dios. Yo soy ambas cosas: Dios y hombre. Soy bueno, nada hay en mí de bestia. Soy carne, y es porque procedo de la carne. La carne fue creada por Dios. Soy Dios. Soy Dios. Soy Dios. Soy Dios...

Estoy contento porque soy amor. Amo a Dios, y por eso me sonrío a mí mismo. La gente piensa que me voy a volver loco y que voy a perder el juicio. Nietzsche perdió el juicio porque pensaba demasiado. Yo no pienso, por lo que no puedo volverme loco. Tengo el cráneo duro y fuerte. En el ballet Scheherazade, en el que representaba a un negro mortalmente herido, tenía que sostenerme sobre la cabeza. Representé bien al personaje, lo retraté, de ahí que el público me comprendiera. Ahora expresaré sentimientos y el público me comprenderá. Conozco al público, lo he estudiado a fondo. Al público le maravillan las sorpresas, pero de arte sabe muy poco; de ahí que sea tan fácil divertirle. Yo sé cómo sorprender al público, de modo que tengo el éxito asegurado.


Notas

1. Por sentimiento entiende Nijinsky el instinto, el apremio del inconsciente.
2. Kyra, hija de Nijinsky, estaba instalada en una casa vecina debido al estado de los nervios de Nijinsky.
3. Nijinsky se refiere a las sesiones espiritistas que describe Romola Nijinsky en Nijinsky, capítulo XIX.



Prefacio de Romola Nijinsky

Este Diario es el mensaje de Nijinsky a la humanidad. Su deseo expreso de que fuera publicado durante su vida fue cumplido en 1936, cuando se publicó por primera vez.

Se trata de un extraño documento humano; son muy pocos los grandes artistas del mundo que nos han expuesto por escrito y con toda franqueza sus ideas sobre la religión, el arte, el amor y la vida como lo hace mi marido en estas «confesiones». El hecho de que escribiera su Diario en una época en que estaba experimentando agonías mentales extremadas y en que todavía estaba capacitado para comunicar lúcidamente sus sentimientos le da una calidad profundamente emotiva y hace de él algo verdaderamente único.

El Diario fue escrito durante 1918-1919 en Saint-Moritz, adonde nos habíamos retirado a esperar el final de la guerra. Aislado del mundo y de todas las posibilidades de ejercer su arte, mi marido intentó llegar a las masas por otros medios artísticos. Se mantuvo ocupado con el dibujo y con la música, creó coreografías y, finalmente, escribió este Diario.

a. Al editar este Diario me he atenido al texto original y he utilizado, en toda la medida de lo posible, las mismas expresiones del propio Nijinsky.

b. Algunos de los incidentes narrados por mi marido en sus «confesiones» ya han sido descritos en mi primer libro

c. En la presente forma estas confesiones muestran su interpretación de dichos incidentes.

Vaslav escribía febrilmente durante horas y horas, de día y de noche. Yo intentaba frenarle, pues temía que cayera exhausto. Me di cuenta de que lentamente, despiadadamente, estaba apartándose de su arte, de su vida y de mí llevado por un poder extraño e invisible. Luché desesperadamente, aterrorizada, contra esa fuerza fantasmal. No puedo explicar qué fue lo que sucedió, pues yo solamente noté el cambio. Mi marido era amable, generoso, tan adorable como siempre; mas, a pesar de todo, era una persona diferente. Yo intenté entenderle, pero él eludía mis preguntas. Entonces quise leer el Diario a fin de encontrar la solución, pero no me lo permitió. Durante meses guardó bajo llave su Diario; luego me prometió que me lo daría. Cuando la lamentable calamidad ya había caído sobre nosotros y nos dimos cuenta de que Nijinsky estaba enfermo, el Diario, como cualquier otra cosa, fue profundamente olvidado y empezó la gran lucha por salvarle de la locura.

El Diario fue incidentalmente redescubierto en junio de 1934; por aquel entonces había sido publicado mi primer libro sobre Nijinsky. Se organizó una exposición y me pidieron que prestara mi propia colección. Cuando buscaba algunas ropas recordé que en 1919 había dejado almacenados algunos baúles. En ellos aparecieron, entre otros objetos, cuatro cuadernos de ejercicios escolares. Pensando que pertenecerían a nuestra hija, fueron separados. Meses más tarde los miré y me di cuenta de que estaban escritos con la letra de mi marido. Su contenido fue traducido del ruso y así se revelaron las memorias de Nijinsky.

Excepción hecha de Noverre, ningún bailarín se había expresado tan libremente. Nijinsky era conocido en el mundo como gran bailarín – el dios de la danza -, pero era algo más: era humanitario. Era un buscador de la verdad cuyo único objetivo era ayudar, compartir, amar.

Dedicó toda su vida, su alma, su genio, al servicio de la humanidad con el designio de ennoblecer y edificar a su audiencia, de llevar el arte, la belleza y la música al mundo. Su meta no era entretener o alcanzar el éxito y la gloria para sí, sino transmitir un mensaje divino a través de su propio medio: la danza. Con su naturaleza incorporal y sensitiva no pudo escapar al destino de todos los grandes humanitarios: ser sacrificado.

Estoy convencida de que si Nijinsky hubiera encontrado más comprensión, más amabilidad entre quienes le rodeaban, incluyéndome a mí, se hubiera ahorrado la terrible angustia mental que le obligó a abandonar el mundo de las realidades por otro mundo propio.

En su primera juventud aprendió a conocer las dificultades de la vida. Fue testigo de la infelicidad y la pobreza de su madre; durante los ocho años que pasó en la Escuela Imperial soportó pacientemente los celos mezquinos de sus compañeros de clase, y posteriormente la presión a que, como joven bailarín, estaba expuesto. Sus compañeros artistas, los miembros del Ballet Ruso, en ocasiones eran enemigos, y él no encontró comprensión entre aquellos a quienes ayudó a obtener la fama y el éxito por medio de su talento extraordinario, sus creaciones de visionario y sus esfuerzos incesantes. Intentaron despojarle de sus méritos, pero ¿cómo iban a comprender a Nijinsky, su corazón puro, su humildad, su fe de niño en el Arte, la Belleza y Dios? Estos puntos estaban más allá de su capacidad de comprensión.

En toda esta historia sólo otro genio de la historia de la danza ha sido tan atacado como Nijinsky: Noverre, que también fue perseguido, acusado de no haber compuesto sus propios ballets inmortales y profundamente malinterpretado por sus colegas. Nijinsky y Noverre, los dos grandes reformadores del arte de la danza... Nijinsky era consciente de las enemistades que suscitaba, a pesar de lo cual no quiso abandonar su creencia en la bondad humana. El golpe llegó cuando su fe en la amistad se hizo añicos y él se sumergió en la tranquilidad y en el olvido hasta que la gran masacre, la primera guerra mundial, y su incapacidad para ayudar a la humanidad, rompieron su corazón. Entonces «se retiró en sí mismo tan alejado que dejó de entender a la gente».

En los años siguientes al violento ataque de la enfermedad de mi marido nuestro destino quiso que experimentásemos mucha crueldad e infelicidad. Así, en ocasiones vivimos como gitanos errantes, especialmente durante los años de la segunda guerra mundial, sin saber de un día para otro si tendríamos un tejado sobre nuestras cabezas cuando cayera la noche.

Cuando mi marido se puso enfermo por primera vez, yo me negué a confinarlo en un asilo, por más que los siquiatras me recomendaron que lo hiciera. Por el contrario, decidí instalarlo en nuestra casa de Saint-Moritz, donde yo podía ocuparme de él y él podría ser más feliz gozando de su libertad y de su vida familiar. Pero posteriormente me di cuenta de que los médicos tenían razón y Nijinsky fue llevado a un sanatorio, adonde yo le acompañé. Intenté ofrecerle la mayor ayuda posible y, tras consultar a los especialistas más destacados, entre ellos Freud y Jung, estuvimos varios meses en Viena, donde cuidaban de Nijinsky en una clínica. De allí pasamos a París, con la esperanza de que su antiguo entorno artístico estimulara un avance por el terreno de la conciencia. Pero nada parecía surtir efecto. Por el contrario, su estado parecía ir empeorando y se alejaba cada vez más de la realidad, por lo que en un momento dado volvimos nuevamente a Suiza... Durante este período dispuse de abundante tiempo para meditar y me di cuenta de que tenía una deuda con la historia del arte y con el propio Nijinsky: hacer que el mundo supiera que era algo más que un gran bailarín. Poco después de nuestro matrimonio mi marido me había pedido que anotase sus ideas artísticas, con las que esperaba poder ayudar a los alumnos de danza. Y así empecé a escribir lo que más tarde sería la biografía de Nijinsky.

Cuando hube escrito la biografía de mi marido quise recuperar su arte para futuros siglos, reconstruir todo lo que había en él. Intenté, modestamente, fijar cada acontecimiento, cada hecho, y trazar una pintura verdadera de Nijinsky, de su vida, de su arte, así como la de todos los que estuvieron en contacto con él. El mundo apreció la franqueza y la veracidad de mis libros y les dio una recepción entusiasta, por lo que he quedado profundamente agradecida.

En una reciente visita a Rusia tuve oportunidad de conocer y hablar con muchas personas, artistas, estudiantes y demás. En todos los sitios a donde fui me encontré con que mi marido era recordado con gran admiración y respeto por parte tanto de los artistas como de los profanos. Su nombre es reverenciado por los estudiantes de danza jóvenes, a quienes sirve de inspiración. Sus paisanos saben ahora que Nijinsky no era un desertor como otros muchos que denunciaron y abandonaron Rusia llevados por sus intereses personales. Sólo debido a las circunstancias de la guerra y de su enfermedad tuvo que renunciar Nijinsky a volver a su país natal, como había planeado. En Rusia era donde había pensado establecer su academia de danza.

Ahora, más de una década después de su muerte, vuelvo a presentar este Diario con la esperanza de que sea de interés para muchos y de que ayude como libro de texto a los estudiantes de psiquiatría a arrojar alguna luz sobre el hermoso misterio del espíritu y el corazón de Nijinsky.

Son muchos los que pueden hablar de Nijinsky como artista y como bailarín; pero sólo tres personas tienen o han tenido el derecho y la autoridad para hablar de su vida privada. Se trata de Diaghilev, de mi marido, ambos por desgracia fallecidos, y de mí misma. En mi libro sobre mi marido yo ya he dicho cuanto tema que decir. Ahora hago entrega de las palabras del propio Nijinsky.

Romola Nijinsky, San Francisco, abril de 1963



* El texto original de Nijinsky fue redactado en una mezcla impublicable de ruso y polaco. Basándose en este material su mujer, Romola, estableció el texto inglés, que es el seguido por nosotros. (N. del T.)



Traducción de Alberto Clavería
Introducción de María Osorio Pitarch
Prefacio de Romola Nijinsky
Barcelona, Parsifal Ediciones,1993


Todas las imágenes son cortesía de Corbis




Nijinsky (1890-1950) y Maurice Ravel al piano tocan Daphnis and Chloe
1912 © Bettmann



Vaslav Nijinsky en Le Spectre de la Rose
© Bettman 1910


Nijinski en Spectre de la Rose
© E.O. Hoppé c.1911



Nijinsky en 1948 © Hulton-Deutsch Collection




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