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Luis Rosales (1910-1992) - Líneas sueltas en prosa y verso

6 de julio de 2008




Tienen los ojos quietos. Años después, los ojos giran como esas puertas que abren sólo hacia afuera. La estatura se les queda de alambre, y la edad aparece igual que un tatuaje sobre el rostro. (...) A Luis Cristóbal [su único hijo] la cara se le absuelve cuando ríe.

(...) esos momentos en que la vida se perdona, y en que la noche se pone, al fin, de amor de Dios.

(...) ¿No has observado que los viejos ya no hacen gestos?: los tienen hechos en el rostro.

En El cine de los pobres


***


La noche es consanguínea y ya empieza a imponerme su difícil fraternidad,
y sé que estoy viviendo sólo a pedazos
igual que si bajara una escalera con el cuerpo partido en dos

(...)

Hay años de distancia entre una silla y otra
y aquí,
junto a la nieve,
soy una enfermedad desasistida.

(...)

el aislamiento es duro pero alivia:
nadie se juzga responsable mientras se siente aislado.

(...)

hay que dejar las cosas como están si quieres que la muerte pueda seguir su curso;
no la debo alejar
es necesaria para dar a las cosas un orden que era el suyo.

(...)

dime por qué la muerte repentina nunca es la muerte propia,
y no se relaciona con nosotros
pues todo lo que has sido no puede terminar en una absurda improvisación.
Además es ajena
ya que quien muere de improviso no se lleva consigo nada
ni siquiera el cansancio de haber llegado hasta la muerte a pie,
o un beso para luego,
una mitigación bisbiseante,
una mano que arregle una almohada.

En Falta un poco de hilo


***


En Pueblonuevo
tres casas se apiñan
para darse cuerpo.

Todo el pueblo
es cementerio.

En Visita


***


no sé si estoy andando de la vida a la muerte o al revés,
ya que todo lo extraño se parece entre sí
y nadie sabe al caminar si le llevan sus pasos o le llevan sus huellas.

En La almadraba

***


(...)
para que no se desvanezca todo necesito escribirlo
y aprender a vivir en la nueva frontera.

(...)

la ambigüedad, ya lo sabéis, es el pulso corporal del poema,
la imprecisión es el infierno conocido

(...)

y allí, en la confluencia de las luces,
la cabeza de Luis Cristóbal

En El oficio de escribir



***


Recordarte es nacer.
Nunca sabremos

dónde acaba tu voz:
es como un luto.


En A Jorge Guillén en su continuado nacimiento


***


(...) y ahora quisiera recordarlo cmoo aquel rostro suyo que parecía estaba siempre de perfil

En Un retrato para un pintor
(A Carlos Pascual de Lara)


***


En testimonio de vivir tenías
hoyuelada la cara,
y había en ella

una gran paz convalesciente

En Cómo nace un recuerdo


***


Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir;
y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

Autobiografía



La selección corresponde a mi lectura de 1988

Luis Rosales, Antología poética
Preámbulo y selección de Alberto Porlan
Madrid, Alianza editorial, 1984





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