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René Char, tres poemas de Lascaux

21 de marzo de 2007

En La pared y la pradera


II. Los ciervos negros

Las aguas hablaban al oído del cielo.
Ciervos, habéis salvado el espacio milenario
Desde las tinieblas de la roca hasta las caricias del aire.

El cazador que os acosa, el genio que os ve,
¡Cómo amo su pasión desde mi ancha orilla!
¿Y si tuviese sus ojos en el instante de mi espera?


III. La bestia innominable

La bestia innominable cierra la marcha del gracioso rebaño, cual cíclope bufa.
Ocho chirigotas la engalanan, dividen su locura.
La Bestia erupta devotamente en el aire rústico.
Sus flancos rellenos y fláccidos van a vaciarse doloridos de su embarazo.
Envuelta está ella de fetidez. Desde su pezuña hasta sus vanas defensas.

Tal paréceme el friso de Lascaux, madre fantásticamente disfrazada,
La sabiduría de lacrimosos ojos.


IV. Joven caballo de crin vaporosa

¡Qué bello eres, primavera, caballo,
Tus crines criban el cielo,
Tú, espuma que cubre las cañas!
Todo el amor cabe en tu pecho
De la dama blanca del Africa
A la Magdalena en el espejo,
El ídolo que combate, la gracia que medita.


Traducción: Javier Zugarrondo
En "Los matinales" seguido por "La palabra en archipiélago"
Córdoba Argentina, Alción editora, 1998


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