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Stephen Jay Gould - Nuestra conexión con el mundo natural

16 de noviembre de 2010









Podemos adoptar recordatorios poéticos de nuestra conexión con el mundo natural, ya se expresen como efusiones románticas sobre la unicidad, ya en el metro clásico del pareado heroico de Alexander Pope:
Todas no son sino parte de un todo prodigioso,
Cuyo cuerpo es la naturaleza, y Dios y el alma.
Y, sin embargo, cuando miramos en lo profundo de un simio, nuestra percepción de innegable afinidad evoca una fascinación misteriosa (...). Nuestra incomodidad aumenta después, cuando comparamos la pérdida de nuestra anterior confianza en nuestra creación distinta y exaltada poco menor que Dios ... coronado de gloria y honor (Salmo 8), y debemos reconocer la alternativa evolutiva, con una implicación clave que ya formuló el mismo Darwin (en El origen del hombre): "La diferencia de mente entre el hombre y los animales superiores, por grande que sea, es ciertamente de grado y no de tipo".

[...]

Puede que hayamos evolucionado a partir de ellos [los animales] pero en ningún punto de nuestro progreso cruzamos un Rubicón que no soporta el paso de ninguna otra especie.

[...]

La evolución proporciona realmente un criterio legítimo de separación genuina y de principios entre el Homo sapiens y cualquier otra especie. Pero la verdadera fase de la distinción reside en la topología y la geneología, no en ningún atributo funcional que señale nuestra superioridad. Estamos conectados con los chimpancés (y de manera más distante con cualquier otra especie) mediante cadenas completas de formas intermedias que se remontan en el tiempo desde nuestra situación actual en el registro fósil hasta que los dos linajes se encuentran en un antepasado común. Pero todas estas formas intermedias se han exinguido, y la brecha evolutiva entre los seres humanos modernos y los chimpancés se presenta por ello como absoluta e inviolable. En este sentido genealógico fundamental, todos los seres humanos comparten la misma comunidad como miembros de Homo sapiens. En términos biológicos, con las especies definidas por conexiones históricas y genealógicas, la persona más mentalmente deficiente de la tierra sigue siendo tan humana como Einstein.

Si comprendiéramos esta verdad fundamental de la evolución, finalmente podríamos hacer las paces con la localización que Alexander Pope hace de la naturaleza humana en un "itsmo de un estado medio"; es decir, entre la bestialidad y la trascendencia mental.

También nos sentiríamos confortables con esta caracterización incisiva de nuestro peculiar estado como "la gloria, la burla y el enigma del mundo".


Acabo de llegar, Fragmentos Cap. 16 (El grado cultural de Darwin)
Traducción castellana de Joandoménec Ros
Barcelona, Crítica, 2007

Foto Fernando García Redondo (Zoo Chicago) Vía



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