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Borges y Peicovich: Prólogo oral

9 de noviembre de 2010









Sí, sé vagamente de qué se trata su libro... usted dice que es mío y no suyo; pero, ¿cómo puede ser mío lo que yo he dicho ya? No vaya a creer que no me divierte tener un espacio de tradición oral Borges, como los pueblos primitivos... Apócrifa, desde luego. Pero prologarla yo mismo me parece demasiado; me parece una obscenidad, qué quiere que le diga. Perdone, por favor, ¿me acompaña al baño? Dígame... ¿no hablábamos ayer de John Thomas? Ah, ¿no? ¿No sabe usted quién es John Thomas...? A ver... Vamos al baño. Gracias. Es el nombre coloquial del pene en inglés y Lady Jane, lo de la mujer... John Thomas y Lady Jane... John solo no tendría gracia. Pero John Thomas, sí... Nadie se llama John Thomas en Inglaterra ¿qué curioso, no? Es el nombre que quería ponerle Lawrence al amante de Lady Chaterley...

¿No cree que un prólogo sería algo impúdico? Usted dice que si no se hubieran registrado las palabras de Homero, la Ilíada y la Odisea no existirían. Puede ser, puede ser... Pero, ¿sabe?, yo no hablo de hexámetros... Los prólogos no son necesarios. Tal vez el único prólogo necesario fue el Génesis.


Palabras de Borges grabadas en magnefófono el día 25 de abril de 1980,
en la
suite 401, del Hotel Palace de Madrid, España.

En Esteban Peicovich,
Poemas plagiados
Buenos Aires, bajo la luna, pág. 187

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