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Gabriela Alia Botbol - Alrededor de "Los Niños del Paraíso"

11 de abril de 2009





-escritura poética de fragmentos, aforismos y pensamientos breves a propósito del film de Marcel Carnè, con guión de Jacques Prévert-



Entonces entré dentro de mí y jamás he podido salir.
Qué inconscientes: dejarme conmigo mismo
y prohibirme las malas compañías.

J.P. (puesto en boca de Lacenaire)


I

1

La muchedumbre ahoga las calles de las atracciones funambulescas.
Bailan en la sórdida taberna del Cortacabezas sin pensar en el frío de mañana.
Saltan enloquecidos en el jolgorio de la mascarada.
La Gran Pantomima de la Vida se representa: la muchedumbre está feliz.
La muchedumbre no dice palabra.



II

1

Garance decide que ya no será la diosa de circo que se mira al espejo en una tina.
Hoy prefiere dejarlo todo y mezclarse con el gentío.
¿Podrá ser un rostro perdido entre miles?
Así, ningún hombre se arrogará más el derecho a clavarse en su espejo
y consumar, cada uno que pasó ante su tina, la feroz y artera posesión.


2

Frederick siente celos de Baptiste
(¡y así puede probar en su carne de trágico el traje de Otelo!).
Con todo, en su sangre no hay desasosiego, como sí hay pasión en la de Baptiste.
Nadie cuestionará que tiene valía de bondadoso tras su egolatría de chiste
(aunque también él hubiera deseado que Garance lo quisiera…).
El espejo traicionó a Frederick.


3

Pierre-Francois se encuentra con la sabiduría en las comedias que escribe,
y se inclina por la aventura practicando el crimen como “Monsieur Lacenaire”.
¿Culparlo no sería aceptar que las lecturas de su infancia lo arrojaron al vacío?
¿Condenar su maldad no equivaldría a lanzarse al duelo al que nos negamos?


4

Nathalie no se resigna a que Baptiste no le pertenecerá nunca.
Baptiste no puede alojar sus tormentas, sus incendios, sus selvas ni sus auroras boreales
en el tímido, blanco pecho de Natalie, la más apacible de las hadas humanas.
Pero ¿quién sería capaz de negarle la porción de Amor Universal que Baptiste guarda para ella,
y que eso algún día la conforme?


5

Jericó, pícaro orfebre no ciego, ¿cuánto pides hoy por explicar los sueños?
¿Te toca hoy anunciar algún juicio final?
¿A quién le llevas hoy una sentencia?
¿Le anunciarás acaso la estupidez que comportan sus pequeños problemas?
Diles, también a los funámbulos, que si te lo preguntasen todo a ti…



6

Frederick, piel de león de circo, traje de polichinela, disfraz de cómico reo,
tú eres la Comedia Humana,
y si el gran Balzac fuera tu autor dirías las partes que él no se sabe.
¿Alguien se atrevería a no creer en tus discursos?
Acaso el que oprima el botón de stop y se quede en silencio.


7

Baptiste sale de la habitación dejando anhelante a Garance.
Si no le explicó a ella que lo hace porque no cree que el amor sea capaz de realizarse con tanta simpleza,
¿por qué ha de explicarse aquí,
con palabras aún más incapaces y tan erráticas como simples?


8

Ah! Malogrado Conde de Montray, que tuvo por suya a la escurridiza Garance.
Siendo demasiado galante, siendo tan solicitado por el vulgar sueño del cortesano protector,
¿que ella le demuestre, acaso, su indómito vuelo hacia distancias insalvables lo vuelve menos amigo de lo que por poseído brilla?


9

Ropavejero Jericó, los funámbulos han robado la idea de tu traje y ahora formas parte de la pantomima.
Eso pasa por hablar demasiado del alma verdadera de los hombres, que -según tú has dicho- deambula despojada de fastos y declarando sus miserias.


10

Grita Baptiste: -“¡Vuelve, Garance, vuelve”!
El tumulto se la traga y él, atrapado por hordas alegres y gentiles, ya nada puede hacer.
-“¡Déjenme, déjenme!"
¿Quieres acaso que la pantomima se resigne a no representarte?
¿No volverías?
¿Te volverías una Mueca de Otro?



III

1

El desnudo histriónico canjea la impostación por su mendrugo.

2

Indolente, tiene la misión de enseñar la caída del paraíso sin dar el ejemplo.

3

Escribe la verdad sobre los cuerpos de los que mata.

4

Se toca el rostro, se palpa los pechos: su carne es real porque nadie la ve.

5

No cesan de crecerle alas membradas, pero como no las percibe, se eleva con alas de cera.

6

El traje y la imagen se invisten; el trapo desnuda todo espíritu. El traje rotoso de la conciencia no le sienta bien a todos, a ninguno, a alguno.

7

El que ofrece comprarla nunca se equivoca, porque la belleza prefiere negociar. Los que niegan o dudan del negocio quizá no la hayan perpetrado.



IV

1
Arquetipo Baptiste, nunca te quitarás el traje blanco.

2

Arquetipo Garance, se ve que has venido sin alforjas.

3

Arquetipo Frederick, te encumbras sutilmente sobre las grandes letras y bajo las pequeñas formas.

4

Arquetipo Natalie, estás lívida en el centro de cada día banal.

5

Arquetipo Lacenaire, huye hacia el resentimiento, pero aristocrático y valiente.

6

Arquetipo Jericó, poco a poco tus vestidos viejos abandonarán la casa segura de la pertenencia.

7

Arquetipo Montray, el oro del mundo liba tu sangre, vomita tu sangre, vuelve a beber tu sangre.



I

2

Lo hemos visto, lo hemos visto de muy bello modo.
Se creó la ilusión dentro de la ilusión dentro del anhelo.
Las piernas nos cuelgan sobre los balcones del paraíso.
¡Es una nueva oportunidad de creer que algo se ha dicho!
Todavía somos niños que sostenemos a pie juntillas que el cuerpo de la palabra –guión- y la palabra del cuerpo –mímica-
pueden decirnos algo.
Lo que enuncian es el ensueño, que se quiebra como una delgada lámina de hielo.
Y lloramos como niños, y nos descolgamos del paraíso.



No ardió Paris. El poeta que hizo decir a su personaje una línea como ésta: “Dios baja por la garganta con pantalones cortos de pana roja”, derrotó por sí sólo al criminal que patrullaba las calles de la ciudad sitiada.

No ardió París. El diseñador de medio kilómetro de decorados y el compositor de la gran banda sonora, judíos, trabajando clandestinamente en la película, derrotaron por sí solos al criminal que patrullaba las calles de la ciudad sitiada.

No ardió París. El director que lanzó al recreado Boulevard du Crime a mil quinientos extras disfrazados y bailando, derrotó por sí solo al criminal que patrullaba las calles de la ciudad sitiada.



(Dedicado a los mimos, magos, payasos, los músicos, las cuarenta y dos murgas y corsos (especialmente a la Homero Manzi de Boedo) que dan lucha victoriosa a los oscuros defensores de Manhattan-Madero. Dedicado a los espontáneos bailarines de tango de la plaza Dorrego y a los de cumbia en costanera Sur. Dedicado a todos los que resistimos en la “continuidad de los parques” cuando tantas veces Buenos Aires está sitiada.)



Cortesía de Gabriela Botbol en Facebook




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