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Ilhan Berk – Dos poemas de “Mar de Galilea”

3 de octubre de 2008




El cielo de Leyla Hanim, la poetisa

Las manos del sultán Selim III equivalen al cielo de Leyla Hanim,
la poetisa.
Sólo Selim III comprendió el cielo de Leyla Hanim, la poetisa.
El mismo lo demostró a los hijos de Ahmet I.
Las manos de Selim III rozaron el sol tocaron las mujeres, recogieron
las flores.
En los poemas que escribía sólo pensaba en Leyla Hanim
estrangulé a Selim III.




La luz de Ivi

Ivi oyó todo lo que se decía.
Vio la torre ensangrentada, la torre dolorida, la torre ofendida.
La torre en su vida, la torre en toda su vida mil veces sin Allah sin
cielo sin ventana.
La torre cinco mil veces sin las callejuelas, sin tiendas, sin casas, sin
ciruelas amarillas, sin vivacidad.
Había sido la torre.
Ivi sabía esto.
Ivi conocía a los hombres.
Habían bajado al mar, habían hablado con los peces, algas,
mejillones, qué no les habían dicho a los peces, algas,
mejillones.
Ivi pensó en todos los dibujos que había hecho.
Pensó en los dibujos en los que había convertido los negros en blancos
por más que ella sola trajera y pusiera en su sitio a un negro y a un
blanco.
Era inútil.
Vio que la soledad,
la pusiera donde la pusiera, la agarrara donde la agarrara, la llevara
donde la llevara,
aunque la sacara a la calle, la colocara en una ventana, se la llevara
al mar,
no era para el ser humano.
Ivi comprendió la torre.
Cogió el mar, se lo llevó a sus pies.
La torre echó una mirada al mar.
Dos miradas.
Tres miradas.
Se tiró dentro.
Ivi cogió a los hombres.
Los lanzó a vivir a trabajar.

















Traducción: Clara Janés y Çagla Soykan
Ediciones del Oriente y el Mediterráneo

Fuente esclarecedora: Adamar
Foto



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