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Patricia Boero - Tres textos

4 de mayo de 2008







Véspera




Enciende el fuego.
Tizna el techo del día
con la palabra desasida.


Por que tu boca
se hunda
entre las flores
bajo el puntual discernimiento
de lo que es.


Invoca al fiel de la mano
sobre blancas almenas
mientras se multiplica
noche adentro
el rojo laberinto de los signos
hasta alcanzar
la elemental materia
de una infinita extranjería.


Tu voz en fuga
por el camino claro
tu voz en fuga
por las sendas de sombra


y aquello que al despertar
se dijo para sí:


el dios del aire
te ha retenido en esta calle
con el lazo vibrante
de su espiral celeste
para no ser aún
entrénate en la espera
palabra en línea recta
ni vuelo coincidente
ni destino
y habites como quien pasa
-con los ojos transidos
por lo que todavía no fue-
la tierra de los hombres
y sus sagas prodigiosas.



Bereber

a Antonio Mengs



La menor unidad
del espacio
es este punto de luz
encadenado
al corazón oscuro
de la casa


la pupila de un haz
que se abandona
al más precioso afán


boca entreabierta de tres planos
que hallaron los azares
del vocablo
rincón



Arde
dulce fanal
viva pirámide
donde los vientos
congregan renunciantes
domésticas arenas.


En tus ojos velados
coincidentes
la faz injusta de la errancia
y la sombra del tempo
encuentran
su perdón.


En tus manos
descansa la diáspora
de mis pequeñas flores.





El regreso


mañana vendrá el hombre al dios del cuadro

yacente en la rendija del párpado del hijo
mañana la familiar reunión
—la aterida reunión de nadadores—
será boca en el pan
vidrio en las viñas.



Este es mi cuerpo que será entregado al mar
que lo redime todo
tesoros y desechos
rencor quebranto y alma.



Mañana son peldaños inciertos temblorosos
herirá el desafío la corriente de infancia
el hermano al costado de garganta rebelde
el insensato tañedor de nadas
el hermano al costado de sumisos anzuelos
abierto por las horas del libro indescifrable.



Esta es mi sangre que entregaré a la hierba
por toda la iniquidad de los maestros.



Mañana será barca, viejos fosos
metal de la ignominia, peso muerto.



Padre, en pos de tu fantasma van los niños
mañana como ayer
tu voz alzándose:


Barqueros, batid el remo
de mi feroz marea atormentada.


Y luego, mirad el mar.

Yo nunca fui.

Pero mirad el mar en mi memoria.



Poemas aún inéditos en 2005, publicados en El Jabalí Revista ilustrada de poesía, Nº 16 - Año XI
www.poesíaeljabali.com.ar



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