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María Julia de Ruschi - La canción de amor

9 de septiembre de 2007




Amo: entra ligero el cuchillo.
La ventana abierta espera.
Miro por la ventana.
Miro cuando nada miro.
Miro que vuelva.

¿No sería él?
La inútil ventana. Agrietada.
Primero ráfagas
Negras, ahora huracán
Lengua del viento.

Pregunto y nadie sabe.
Me hablan y no oigo.
Pena mi ternura,
Una fuente muda
y otra noche más.

Traje
Riendo, medio kilo
De langostinos
Y galleta marinera.
¡Siquiera una sonrisa!

Como contra el acantilado
La ola se desploma, yo
Busco su pecho
Insensible, ciego,
Y vuelvo a caer. Desapareciente.

Rabia de amor, espuma:
Nada tan blanco.
Insisto, alzándome, cayendo;
Cuándo, cuándo gozaré
No el eco: la mirada.

Esperaba la barcaza
Del invierno, para abrazarme
Con él frente al fuego.
¡Un invierno
Con la chimenea encendida!

Soñaba, así soñaba.
Y ahora llovizna y sola
Me siento helada. Torbellinos.
Vacilante.
Nada qué decir a las paredes.

Con un gemido de mar
Me llamo a su abrigo.
El espejo desierto
Ligero entra en mi sangre.
Quedo temblando.

Temblando. ¿La granada?
Puse la flor, la casa, el huerto.
Puse, empujé, cantaba.
Puse mi vida. Todo.
Dónde está. El limonero.

Miro a través de lágrimas.
Temblando. Arbol barca.
Mar de hojas blancas.
Infinito mi amor
Incurable me hiere. Azahar.

Un día entero, eterno.


En Salir de Egipto
Buenos Aires, bajo la luna, 2007


4 comentarios:
Sergio G. Rabadá 11 de septiembre de 2007, 16:41  

me gusta el poema como un dulce melancólico viaje. Gracias por exponerlo.

Corrige esto por favor porque me duele: "Pena mi ternbura", y es que ¿sabés? yo tengo tantos errores que no disculpo los ajenos (creo que eso se llama hipocresía en algunos círculos, yo lo llamo humanidad y me conformo).

Sergio G. Rabadá 11 de septiembre de 2007, 16:43  
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
patricia damiano 11 de septiembre de 2007, 19:48  

Sergio,

No se publicaron antes tus comentarios porque estaba sin conexión. Nunca te disculpes por señalarme una errata. Si la hubiera descubierto yo hubiera sido más oprobioso. Te lo agradezco y espero esa atenta lectura en lo sucesivo.

Ave, Titivillus

Sergio G. Rabadá 12 de septiembre de 2007, 11:46  

Cuando usé, Patricia, ña palabra editar no la usé como la entendemos, generalmente, los editores en cuanto a edición de... sino como la entiende Blogspot en cuanto a corregir el texto que había escrito ya que puse dos comentarios cuando con uno hubiese bastado.

Sé que torturan los errores pero, aunque parezca paradójico, en mi blog tengo expuesto un poema de Cortázar que tiene un error que no he corregido.

¿Pensás que mi incoherencia provocará que me disgregue? Espero que no, me gusta estar todo junto conmigo todo el tiempo.

Un abrazo con sonrisas (es que me ha dado la vena humorística, lo siento).

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