31 de agosto de 2008
Petronio – Fragmentos atribuidos (selección)
Exhortación a Ulises
Traducción de Tomas Meabe
Transcripto de la edición de El Ateneo
Buenos Aires, 1951
Patricia Damiano: Nupcias
En la entrada más alta del pozo
tus despojos cuelgan del árbol
No podrás vestir el suntuoso encaje, Lucifer
Ríe río árbol nuevo
sin el atavío último
No llores al suicida que
cae
desnudo
de la rama
ni su estrépito
ni la molesta sombra
sucia mañana
que atormentaba el lecho
Te despojo te desvisto te ultimo tu descubro ruina
Y ahora llueve
llueve
y tu noche es el árbol
crudo
Tu noche, Lucifer, el atavío
de mi boda
30 de agosto de 2008
Konstantino Kavafis: «Itaca»
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.
En Antología poética
Madrid, Alianza Editorial, 1999
Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña
Foto sin atribución: K. Kavafis vía
Si la razón pudiese
... verlo todo
no era menester que María diese a luz.
...verder tutto
mestier non era partorir Maria.
Konstantino Kavafis: "Idus de Marzo"
Teme, alma, las grandezas,
y si no puedes doblegar tus ambiciones,
al menos persíguelas con cautela, recelosamente,
y, a medida que avances, vuélvete precavida,
conócete.
Y cuando al fin alcances tu meta, César,
cuando seas famoso,
ten especial cuidado al salir a la calle,
notorio por tu séquito y tu fama;
si por suerte algún Artemidoro , desde la
muchedumbre
se acercara trayéndote una carta y te dijera:
“lee esto al instante, contiene asuntos graves
que te conciernen”,
no dudes y detente, relega toda conversación y
asunto,
aléjate de la gente que ante ti se postra
(los verás más tarde), que hasta el mismo senado
espere,
y sin tardanza lee el mensaje que trae Artemidoro.
1911
Versión de Cayetano Cantú
Artemidoro era un maestro de filosofía griega en Roma y gran amigo de César. Ver Plutarco, Vida de César; Shakespeare, Julio César y Suetonio, Julio Cesar (LXXXI)
Marco Denevi: «La vuelta de Odiseo»
Penélope, desde el alcázar del palacio, lo vio llegar a Itaca. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Habían transcurrido treinta años desde que Ulises partiera hacia Troya. Y ahora estaba de vuelta, débil, viejo, enfermo, arruinado por los padecimientos y las privaciones. Pero yo le prepararé un regreso glorioso, pensó.
—Tú —le dice a una muchacha— siéntate en mi silla e hila en mi rueca.
—Y vosotros —añade, dirigiéndose a los jóvenes— fingid ser los pretendientes. Y cuando él cruce el lapídeo umbral y blandiendo sus armas pretenda castigaros, simulad que caéis al suelo entre ayes de dolor o huid como delante del propio Aquiles.
Y la provecta Penélope de cabellos blancos, oculta detrás de una columnas, sonreía con desdentada sonrisa y se restregaba las manos sarmentosas.
(Omar Denice: Apostillas a los clásicos, Madrid, 1945)
Transcripto de Falsificaciones (2ª edición)
Buenos Aires, Calatayud ediciones, 1969
27 de agosto de 2008
Ana Ajmátova - Cleopatra
Soy aire y fuego
Shakespeare
Ya ha besado los labios muertos de Antonio,
ha llorado de rodillas ante el César
y sus sirvientes la han traicionado. Cae la oscuridad.
Chillan las trompetas del águila romana.
Por ahí viene el último hombre arrebatado por su
belleza,
—galán tan gallardo— con un murmullo vergonzante:
—Deberás caminar ante él, como una esclava, en el triunfo.
Pero la pendiente de su cuello de cisne está más
tranquila que nunca.
Mañana encadenarán a sus hijos. Nada le resta
más que enloquecer a ese sujeto
y poner el negro áspid, como separación piadosa,
sobre su oscuro pecho, con mano indiferente.
(1940)
Versión de Kyria Galván
Portrait of Anna Akhmatova (1889-1966). Artist: Anonymous
Found in the collection of Russian State Archive of Literature and Art, Moscow
Photo by Fine Art Images/Heritage Images/Getty Images
Vía Jorge Gutman
25 de agosto de 2008
Patricia Damiano - El puñal
Asdrúbal o la frialdad de estilo
alimenta a un monstruo, no importa
el pacto púrpura
un colibrí
acecha el futuro despojo
el amo espera a los amigos
que advinieron su rodilla en ruego
mi perro
tu cruel
caricia latigazo encendido
la ronda
cava
-nunca has sabido de su formidable cielo
promesa del castillo uno-
el hombre es como el hierro
soy el bastón de hierro
has visto cómo danza mi torre y un alfil blanco
el hombre es como el hierro
soy la defensa el hierro
si álgebra
llama a su cuerpo de Marte
amarillo látigo
el jaque
la senda
donde
emperatriz negra de oro griego
mi tobillo
desnudo
hechiza
a Aníbal
la ley
ambiciona de arena
la verde
hoja
donde dormiremos
bajo
el
veneno
púrpura
mi breve puñal
24 de agosto de 2008
Aulo Gelio - Del nacimiento, vida, costumbres y muerte de Eurípides
23 de agosto de 2008
Patricia Damiano - Plan
I
todo previsto:
escarpines blancos
letras uncidas atavío
sin encaje
doctorado en lenguas sajonas
recatada a mi hora
mirada
sin ungüento
el pincel del vaticinio
álgebra
vertical Spinoza el siglo
la razón
de todo
II
hubo de sorprenderlos
adúltera
la última tarde
y las rectas fueron soles
desiguales
líquenes iridiscente
veneno
III
innumerable sueño
juraría
por Dafne
por Casandra que no miente
y Troya y la pared con mácula
IV
es abolengo
un vestidito
de cumpleaños
y un teatro de títeres
madre átomo
unigénita
sentencia
V
diminutos
escorpiones
me escalan
Calamo currente
20 de agosto de 2008
Herbert Zbigniew - La orilla
Espera en la orilla de un largo y lento río
en la otra orilla está Caronte el cielo brilla túrbido
(no es por lo demás ningún cielo) Caronte
ya está aquí se limitó a lanzar la cuerda hasta una rama
ella (el alma) saca el óbolo
que rápidamente se agriaba bajo su lengua
se sienta detrás en la barca vacía
todo esto sin una palabra
si al menos la luna
o el aullido de un perro
1969
De Informe sobre la ciudad sitiada
Traducción de Xaverio Ballester
Madrid, Ediciones Hiperión, 1993, 2ª edición, 2008
Cortesía de A media voz
19 de agosto de 2008
Citas de Robert Burton en «Anatomía de la melancolía»
Horacio, Odas, Libro 4,9
Calímaco, Epigrama
El que ahora yace dormido,
haría enternecerse a un fiero tracio.
Petronio
Mujer hermosa para arriba, acaba en [feo] pescado.
Luciano, Timón
El furor es el distintivo de los caballos.
[Radziwill], Peregrim, Hierosol
El dios de los dioses,
por amor a la belleza convertido en todo, caballo, lluvia, cisne. 357
Strozzi el Hijo, Epigramas
Ni en trescientos versos
podría nadie expresar sus ignominias.
[Crato], consil. 26, libro 2
El Plutón de la Estigia no se atreve a hacer
lo que un monje o una vieja bruja hacen de continuo.
Mathew Paris
![]() |
| Robert Burton en 1635 Lienzo sin atribución |
Prólogo y selección de Alberto Manguel
Traductores: Ana Sáez Hidalgo, Raquel Alvarez Peláez, Cristina Corredor
Transcripción de la edición de Alianza Ediorial, 2006
Georg Philipp Teleman - Sonata in A minor for flute & oboe
Sonata in A minor for flute & oboe
Le concert Français
Sébastian Marq (Flute)
Alfredo Bernardini (Oboe)
Dir. Pierre Hantai
III. Andante grazioso
IV. Allegro
18 de agosto de 2008
William Faulkner - Mientras yo agonizo (fragmento)
Vardaman
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| Faulkner 1954 Robert Capa © International Center of Photography |
17 de agosto de 2008
Emily Dickinson - Poema 739
Muchas veces pensé que la paz había llegado
cuando la paz estaba muy lejos -
como los náufragos - creen que ven la tierra -
en el centro del mar -
y luchan más débilmente - sólo para probar
tan desahuciadamente como yo -
cuántas ficticias costas -
antes del puerto hay -
Transcripción de E.D., Poemas
Selección y traducción de Silvina Ocampo
Prólogo de Jorge Luis Borges
Barcelona, Tusquets Editores, 1985
Foto: Getty Images
Wislawa Szymborska: "Prospecto"
Soy un tranquilizante.
Funciono en casa,
soy eficaz en la oficina,
me siento en los exámenes,
comparezco ante los tribunales,
pego cuidadosamente las tazas rotas:
sólo tienes que tomarme,
disolverme bajo la lengua,
tragarme,
sólo tienes que beber un poco de agua.
Sé qué hacer con la desgracia,
cómo sobrellevar una mala noticia,
disminuir la injusticia,
iluminar la ausencia de Dios,
escoger un sombrero de luto que quede bien con una cara.
A qué esperas,
confía en la piedad química.
Eres todavía un hombre (una mujer) joven,
deberías sentar la cabeza de algún modo.
¿Quién ha dicho
que la vida hay que vivirla arriesgadamente?
Entrégame tu abismo,
lo cubriré de sueño,
me estarás agradecido (agradecida)
por haber caído de pie.
Véndeme tu alma.
No habrá más comprador.
Ya no hay otro demonio.
De Si acaso, 1978
Foto de Joanna Helander
16 de agosto de 2008
Jorge Luis Borges: «El go»
Hoy, 9 de septiembre de 1978,
tuve en la palma de la mano un pequeño disco
de los trescientos sesenta y uno que se requieren
para el juego astrológico del go,
ese otro ajedrez del Oriente.
Es más antiguo que la más antigua escritura
y el tablero es un mapa del universo.
Sus variaciones negras y blancas
agotarán el tiempo.
En él pueden perderse los hombres
como en el amor y en el día.
Hoy, 9 de septiembre de 1978,
yo, que soy ignorante de tantas cosas,
sé que ignoro una más,
y agradezco a mis númenes
esta revelación de un laberinto
que nunca será mío.
En La cifra, 1981
Obra poética 1923/1985
Buenos Aires, Emecé, 2001
Foto: Borges en el Antiguo Colegio de San Ildefonso
México 1973 por Rogelio Cuéllar
14 de agosto de 2008
Ajedrez: Philipp Klinger - El combate infinito

El efecto Droste permite este combate sin fin: The Infinite Combat de Philipp Klinger
Cortesía: Microsiervos
13 de agosto de 2008
Wislawa Szymborska - Alabanza a los sueños
En mis sueños
pinto como Vermeer van Delft.
Hablo fluidamente griego
y no sólo con los vivos.
Conduzco un auto
que me obedece.
Tengo talento,
escribo poemas largos, grandiosos.
Escucho voces
no menos que los grandes santos.
Se sorprenderían
de mi virtuosismo en el piano.
Floto en el aire como se debe,
es decir, por mí misma.
Si caigo del techo
puedo aterrizar suavemente en el verde césped.
No me es difícil
respirar bajo el agua.
No me puedo quejar:
he logrado descubrir la Atlántida.
Me complace que justo antes de morir
siempre me las arreglo para despertar.
Inmediatamente tras el estallido de la guerra
me vuelvo a mi lado favorito.
Soy, mas no necesito ser,
hija de mi tiempo.
Hace unos pocos años
vi dos soles.
Y antes de ayer un pingüino,
con toda claridad.
1972
12 de agosto de 2008
Jorge Luis Borges: «Leones»
Ni el esplendor del cadencioso tigre
ni del jaguar los signos prefijados
ni del gato el sigilo. De la tribu
es el menos felino, pero siempre
ha encendido los sueños de los hombres.
Leones en el oro y en el verso,
en patios del Islam y en evangelios,
vastos leones en el orbe de Hugo,
leones de la puerta de Micenas,
leones que Cartago crucifica.
En el violento cobre de Durero
las manos de Sansón lo despedazan.
Es la mitad de la secreta esfinge
y la mitad del grifo que en las cóncavas
grutas custodia el oro de la sombra.
Es uno de los símbolos de Shakespeare.
Los hombres lo esculpieron con montañas
y estamparon su forma en las banderas
y lo coronan rey sobre los otros.
Con sus ojos de sombra lo vio Milton
emergiendo del barro el quinto día,
desligadas las patas delanteras
y en alto la cabeza extraordinaria.
Resplandece en la rueda del Caldeo
y las mitologías lo prodigan.
Un animal que se parece a un perro
come la presa que le trae la hembra.
Historia de la noche (1977)
Obra poética 1923/1985
Buenos Aires, Emecé, 1977
Imagen: Borges en Mexico
Foto: © Rogelio Cuéllar 1973
11 de agosto de 2008
10 de agosto de 2008
Juana Bignozzi: Veleidades con niños conocidos
Yo me esfuerzo por enseñarle a los niños que me rodean
que antes de abrir una puerta hay que decir permiso;
ellos miran a sus mujeres y piensan que soy una arpía,
los más benévolos dicen es una mujer con veleidades,
y como les han dicho que los hombres inteligentes ríen en voz baja,
los imitan en forma lamentable.
En los costados del camino los caballos sólo comen las flores azules
yo quisiera llevar a los niños que me rodean
para que empezaran a aprender algo sobre el buen gusto,
los caballos son grandes maestros.
Pero ellos prefieren la filosofía y morirán sin entender
vestidos de niños con mediecitas blancas
y con todas las crueldades absolutas de los niños.
La gente con veleidades que no creemos en los pecados
del precio, la venta o la entrega
los miramos jugar con sus barriletes
y nos ofrecemos tranquilamente
para que nos claven en el cuerpo flechas de colores primarios.
Foto: Facundo Pechervsky
En Mujer de cierto orden
Fuente: Zapatos rojos
9 de agosto de 2008
Jorge Luis Borges: «Espadas»
Gram, Durendal, Joyeuse, Excalibur.
Sus viejas guerras andan por el verso,
que es la única memoria.
El universo las siembra por el Norte y por el Sur.
En la espada persiste la porfía
de la diestra viril, hoy polvo y nada;
en el hierro o el bronce, la estocada que
fue sangre de Adán un primer día.
Gestas he enumerado de lejanas
espadas cuyos hombres dieron muerte
a reyes y a serpientes. Otra suerte
de espadas hay, murales y cercanas.
Déjame, espada, usar contigo el arte;
yo, que no he merecido manejarte.
Obra poética, Buenos Aires, Emecé, 1977
Jorge Luis Borges: «El suicida»
No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.
En La rosa profunda (1975)
Obra poética, Buenos Aires, Emecé, 1977
Foto: Borges en Mallorca 1920-21 (s-a)
Jorge Luis Borges - «El advenimiento»
Soy el que fui en el alba, entre la tribu.
Tendido en mi rincón de la caverna,
pujaba por hundirme en las oscuras
aguas del sueño. Espectros de animales
heridos por la esquirla de la flecha
daban horror a las tinieblas. Algo,
quizá la ejecución de una promesa,
la muerte de un rival en la montaña,
quizá el amor, quizá una piedra mágica,
me había sido otorgado. Lo he perdido.
Gastada por los siglos, la memoria
sólo guarda esa noche y su mañana.
Yo anhelaba y temía. Bruscamente
oí el sordo tropel interminable
de una manada atravesando el alba.
Arco de roble, flechas que se clavan,
los dejé y fui corriendo hasta la grieta
que se abre en el confín de la caverna.
Fue entonces que los vi. Brasa rojiza,
crueles los cuernos, montañoso el lomo
y lóbrega la crin como los ojos
que acechaban malvados. Eran miles.
Son los bisontes, dije. La palabra
no había pasado nunca por mis labios,
pero sentí que tal era su nombre.
Era como si nunca hubiera visto,
como si hubiera estado ciego y muerto
antes de los bisontes de la aurora.
Surgían de la aurora. Eran la aurora.
No quise que los otros profanaran
aquel pesado río de bruteza
divina, de ignorancia, de soberbia,
indiferente como las estrellas.
Pisotearon un perro del camino;
lo mismo hubieran hecho con un hombre.
Después los trazaría en la caverna
con ocre y bermellón. Fueron los Dioses
del sacrificio y de las preces. Nunca
dijo mi boca el nombre de Altamira.
Fueron muchas mis formas y mis muertes.
En El oro de los tigres (1972)
Obra poética
Buenos Aires, Emecé, 1977
Foto: Ferdinando Scianna/Magnum Photos
Borges en Palermo (Scicilia) 1984
8 de agosto de 2008
Mi primer poema en “La Prensa" de Buenos Aires: La respuesta
Vencí cada piso, barroca en edificio barroco. Me esperaba quien dirigía y aún dirige el suplemento literario del diario liberal que entonces leía mío, en Avenida de Mayo. Llevaba con timidez y ansia La respuesta, y no merecía ninguna -sabía, pertinaz sin embargo-. Ninguna había entonces y menos hoy, con justicia.
Así se publicó este texto ingenuo que hoy, a décadas, veo precario y tan pobre que transcribo con pudor y humor y cierto estremecimiento. Seguirían otros, con mejor o peor suerte, y que he olvidado.
La respuesta
halló la mañana tardía
y supo la respuesta.
La reconoció
como si desde el alba de la duda
-también su alba-
hubiera fingido
parapetándose en espejismos.
Tantas vidas de sí mismo, tantas,
en la búsqueda había cercenado
resignándola una a una.
Tantas, deambulando hacia el sentido
último.
Y le parecieron sus días el precio justo.
Sabía que se balanceaba
con los álamos.
Su piel estaba húmeda como la tierra
y las pupilas diáfanas como la tarde que crecía.
El sol se le antojó una nave de regreso
y el espacio, su cuna.
Y vio que Dios sólo habita la quietud
de los hombres con todas las respuestas.
Muchos años después saludo al Sr Paita que, justamente, ha de olvidar mis pecados.
Buenos Aires, circa 1985
Stanislaw Grochowiak (1934-1976) - Irse desnudando hacia el sueño
en esta cavidad disforme
Ella alquitranada
Yo con vestido azul
Ella enverdeciendo desde la calvicie
el primerísimo clavo
Aquí suspenderás
la cítara de tus dos manos
a lo mejor en ellas?
—Yo pregunto—
el siguiente clavo
Aquí suspenderás el tul
plateado de tus pulmones
posiblemente en ellos?
—Yo pregunto—
el clavo para la cabeza
Suspéndela suavemente
el pico abajo
por encima del cuello
de alambre
6 de agosto de 2008
Manifiesto Santander por una muerte digna
Todo ciudadano tiene derecho al alivio del sufrimiento al final de su vida mediante una asistencia paliativa de calidad respetuosa con sus valores y sus creencias, expresados en ese momento o de forma anticipada en el testamento vital (instrucciones previas o voluntades anticipadas). El paciente tiene derecho a recibir información veraz sobre su proceso de enfermedad, a rechazar un tratamiento, a limitar el esfuerzo terapéutico y a elegir entre las opciones disponibles, como la sedación terminal.
Por ello, manifestamos que es responsabilidad de los políticos:
• Conocer de manera fehaciente cómo mueren los ciudadanos.
• Garantizar el libre ejercicio de estos derechos.
• Promover un debate sobre la eutanasia y el suicidio médicamente asistido de personas que al final de su vida padecen, a pesar de los cuidados paliativos, un sufrimiento insoportable del que desean liberarse con todas las garantías legales.
Pueden enviarse hojas con firmas a: apartado de correos 333, 47080 Valladolid
5 de agosto de 2008
Julian Przyboś - Notre Dame y La Catedral en Losana
Notre Dame
Y el espacio brotó
de un millón de dedos unidos para rezar.
Pero el terror puntiagudo me hundió
en su Entraña.
Escarnecido y despreciado por las quimeras
con su boca abierta por la lluvia
me pregunto: ¿Quién soy yo vivo
al pie de los pilares?
Estos muros desprendidos de la roca
se levantan del sarcófago, sus quijadas
se alzan por encima de mí.
¿Quién estremeció las tinieblas?
¿Quién las plegó? ¿Quién las abrazó?
Ya sé. Las cruces sujetadas
a sus Cristos
hay que convertirlas en andamios
verticales con sus peldaños,
igualar la voluntad con el azul
más hondo del cielo,
y a la propia muerte
hay que clavarla con el rayo
del gótico—
—arriba en la piedra angular
palpita el vuelo atrapado de las flechas—
Perduro bajo el trueno de las piedras
que suben siempre, implacablemente,
hasta que de repente el vértigo
las haga precipitarse en el fondo
de dos torres — dos honduras detenidas.
¿Quién concibió ese abismo?
¿Quién lo expulsó hacia arriba?
La Catedral en Losana
Para recuperar la inspiración
capaz de confesar el oculto
amor, remoto, a punto de desaparecer,
se necesitaba una catedral. La estoy mirando:
tus ojos la habían llenado de luz,
detenida en sus arcos.
Así se creó el espacio. Lo ha bordeado la piedra
inmovilizándolo.
El tiempo pesaba como una roca.
Lo levanté en vilo, estoy de nuevo aquí,
resucité por un instante y otra vez estoy
como había estado, ocurro en lo antes ocurrido.
Veo: el espacio luminoso
se vino abajo, quebrándose,
con mis pasos resuenan las piedras,
otras y otras más,
la nave regresa a la roca.
La misma y no la idéntica catedral,
la de cuya luz se apoderó el muro
está aquí
y ya no es más que real.
Aplastado por las piedras contemplo la nada.
Es tan palpablemente inconcebible
la catedral
como el peso de la montaña sobre el pecho,
como la derrota.
La contemplo hasta que el arco más alto
se arrodille ante mi tristeza.
El corazón de una campana tembló,
empezando a latir, rítmicamente.
Julian Przyboś nació el 5 de marzo de 1901 en Gwoznica y murió el 6 de octubre de 1970 en Varsovia.
En Poesía Polaca Contemporánea
Selección, traducciones y notas de Krystyna Rodowska
Fuente: Material de lectura
Dylan Thomas - Manifiesto poético
Usted quiere saber por qué y cómo empecé a escribir y qué poetas o tipo de poesía me emocionaron e influyeron en mí.
Para responder a la primera parte de esta pregunta diría en primer lugar quería escribir poesía porque me había enamorado de las palabras. Los primeros poemas que conocí fueron canciones infantiles, y antes de poder leerlas, me había enamorado de sus palabras, sólo de sus palabras. Lo que las palabras representan, simbolizan o querían decir tenía una importancia secundaria; lo que importa era su sonido cuando las oía por primera vez en los labios de la remota e incomprensible gente grande que, por alguna razón, vivía en mi mundo. Y para mí esas palabras eran como pueden ser para un sordo de nacimiento que ha recuperado milagrosamente el oído, los tañidos de las campanas, los sonidos de instrumentos musicales, los rumores del viento, el mar y la lluvia, el ruido de los carros de lechero, los golpes de los cascos sobre el empedrado, el jugueteo de las ramas contra el vidrio de una ventana. No me importaba lo que decían las palabras, ni tampoco lo que le sucediera a Jack, a Jill, a la Madre Oca y a todos los demás; me importaba las formas sonoras que sus nombres y las palabras que describían sus acciones creaban en mis oídos; me importaba los colores que las palabras arrojaban a mis ojos. Me doy cuenta de que quizás, mientras repienso todo aquello, estoy idealizando mis reacciones ante las simples y hermosas palabras de esos poemas puros, pero eso es todo lo que honestamente puedo recordar, aunque el tiempo haya podido falsear mi memoria. Me enamoré inmediatamente -esta es la única expresión que se me ocurre-, y todavía estoy a merced de las palabras, aunque ahora a veces, porque conozco muy bien algo de su conducta, creo que puedo influir levemente en ellas, y hasta he aprendido a dominarlas de vez en cuando, lo que parece gustarles. Inmediatamente empecé a trastabillar detrás de las palabras. Y cuando yo mismo empecé a leer los poemas infantiles, y, más tarde, otros versos y baladas, supe que había descubierto las cosas más importantes que podía existir para mí. Allí estaban, aparentemente inertes, hechas solo de blanco y negro, pero de ellas, de su propio ser, surgían el amor, el terror, la piedad, el dolor, la admiración y todas las demás abstracciones imprecisas que tornan peligrosas, grandes y soportables nuestra vidas efímeras. De ellas surgían los trasportes, gruñidos, hipos y carcajadas de la diversión corriente de la tierra; y aunque a menudo lo que las palabras significaban era deliciosamente divertido por sí mismo, en aquella época casi olvidaba que me parecían mucho más divertidas la forma, el matiz, el tamaño y el ruido de las palabras a medida que tarareaban, desafinaban, bailoteaban y galopaban. Era la época de la inocencia; las palabras estallaban sobre sí, despojadas de asociaciones triviales o portentosas; las palabras eran su propio ímpetu, frescas con el rocío del Paraíso, tales como aparecían en el aire. Hacían sus propias asociaciones originales a medida que surgían y brillaban. Las palabras "Cabalga en un caballito de manera hasta Banbury Cross" (Ride a cock-horse to Bandury Cross), aunque entonces no sabía qué era un caballito de madera ni me importaba un bledo donde pudiera estar Bandury Cross, eran tan obsesionantes como lo fueron más tarde líneas como las de John Donne: "Ve a recoger una estrella errante. Fecunda raíz de mandrágora" (Go and catch a falling star. Get with child a mandrake root), que tampoco entendí cuando leía por primera vez. Y a medida que leía más y más, y de ninguna manera eran sólo versos, mi amor por la verdadera vida de las palabras aumentó hasta que sabía que debía vivir con ellas y en ellas siempre. Sabía, en verdad, que debía ser un escritor de palabras y nada más. Lo primero era sentir y conocer sus sonidos y sustancia; que haría con esas palabras, como iba a usarlas, que diría a través de ellas, surgiría más tarde. Sabía que tenía que conocerlas mas íntimamente en todas sus formas y maneras, sus altibajos, partes y cambios, necesidades y exigencias. (Temo que estoy empezando a hablar vagamente. No me gusta escribir sobre las palabras, porque entonces uso palabras malas, equivocadas, anticuadas y fofas. Me gusta tratar las palabras como el artesano trata la madera, la piedra o lo que sea, tallarlas, labrarlas, moldearlas, cepillarlas y pulirlas para convertirlas en diseños (secuencias, esculturas, fugas de sonidos que expresan algún impulso lírico, alguna duda o convicción espiritual, alguna verdad vagamente entrevista que tenga que alcanzar y comprender). Cuando era niño y empezaba a ir a la escuela, en el estudio de mi padre, ante deberes que nunca hacía, empecé a diferenciar una clase de escritura de otra, una clase de bondad, una clase de maldad. Mi primera y mayor libertad fue la de poder leer de todo y cualquier cosa que quisiera. Leí indiscriminadamente, todo ojos. No había soñado que en el mundo encerrado dentro de las tapas de los libros pudiese ocurrir cosas semejantes, tales tormentas de arenas y tales ráfagas heladas de palabras, tales latigazos a la charlatanería y también tanta charlatanería, una pez tan tambaleante, una risa tan enorme, tantas y tan brillantes luces enceguecedoras que se abrían paso a través de los sentidos recién despiertos y se diseminaban por todas las páginas en un millón de añicos y pedazos que eran todos palabras, palabras, palabras, cada una de las cuales estaba viva para siempre en su propia delicia, gloria, rareza y luz. Escribía infinitas imitaciones, aunque no las consideraba imitaciones sino más bien cosas maravillosamente originales, como huevos puestos por tigres. Eran imitaciones de lo que estuviera leyendo en ese momento; Sir Thomas Browne, de Quincey, Henry Newbolt, las Baladas, Blake, la Baronesa Orczy , Marlowe, Chums, los imaginistas, la Biblia , Poe, Keats, Lawrence, los Anónimos y Shakespeare.
(...) a medida que empecé a amar las palabras y odiar las manos torpes que las zarandeaban, las lenguas espesas sin sensibilidad para los infinitos sabores, los obtusos y chapuceros escritores mercenarios que las aplastaban convirtiéndolas en una pasta colorada e insípida, los pedantes que las tornaban moribundas y pomposas como ellos mismos. Lo que primero me hizo amar el idioma y desear trabajar en él y por el fueron las canciones infantiles y los cuentos populares, las Baladas escocesas, algunas líneas de los himnos, las narraciones más famosas de la Biblia y sus ritmos, Los cantos de inocencia de Blake y la casi incomprensible majestad mágica y desatino de Shakespeare escuchado, leído y casi asesinado en los primeros años de la escuela.
(...) la pregunta siguiente es si mi empleo de combinaciones de las palabras para crear algo nuevo, "a la manera surrealista", está de acuerdo con una fórmula prefijada o es espontáneo.
Aquí hay una confusión puesto que, la fórmula prefijada de los surrealistas era la de yuxtaponer lo impremeditado. Trataré de aclarar esto si puedo. Los surrealistas (es decir superrealistas, o sea los que trabajan por encima del realismo) constituían en la década de 1920 en París un círculo de pintores y escritores que no creían en la selección consciente de las imágenes. Para decirlo de otra manera: eran artistas insatisfechos tanto de los realistas (en términos gruesos: los que trataban de poner dibujos o en palabras una representación real de lo que ellos imaginaban que era el mundo real en que vivían) como los impresionistas quienes, hablando otra vez en términos gruesos- trataban de dar una impresión de lo que ellos imaginaban que era el mundo real. Los surrealistas querían bucear en el subconsciente, en la mente que estaba por debajo de la superficie consciente, y de allí extraer sus imágenes sin la ayuda de la lógica o la razón y ponerlas, ilógica e irracionalmente, en colores o en palabras. Los surrealistas afirmaban que, dado que tres cuartas partes de la mente estaban sumergidas, la función del artista era la de extraer su material de la mayor, de la masa sumergida de la mente más bien que de esa cuarta parte que, como el extremo de un iceberg, surgía del océano subconsciente. Uno de los métodos que empleaban los surrealistas en su poesía era el de yuxtaponer palabras e imágenes que no tenían ninguna relación racional entre sí y con eso esperaban alcanzar una especie de poesía subconciente u onírica, que sería más fiel al mundo real e imaginativo de la mente, sumergido en su mayor parte, de lo que lo es la poesía de la mente conscientes, que descansa en la relación racional y lógica de ideas, objetos e imágenes.
Este es, muy crudamente, el credo de los surrealistas, con el que estoy en profundo desacuerdo. No me interesa de dónde se extraen las imágenes de un poema; si quiere se pueden sacar del océano más recóndito del yo oculto; pero antes de llegar al papel deben atravesar los procesos racionales del intelecto. Los surrealistas, por otra parte, escriben sus palabras sobre el papel exactamente como emergen del caos; no las estructuran ni las ordenan; para ellos el caos es la estructura y el orden. Esto me parece excesivamente presuntuoso; los surrealistas se imaginan que cualquier cosa que rastree en sus subconscientes y pongan en colores o en palabras debe ser, esencialmente, de algún interés o valor. Yo lo niego. Una de las artes del poeta es la de tornar comprensible y articular lo que puede emerger de fuentes subconcientes; uno de los usos mayores y más importantes del intelecto es seleccionar de entre las masa amorfa de imágenes subconcientes aquellas que mejor favorezcan su finalidad imaginativa, que es escribir el mejor poema posible.
Y la quinta pregunta es, Dios nos ampare, cuál es mi definición de poesía.
Yo sólo leo poesía por placer. Leo sólo los poemas que me gustan. Esto significa, naturalmente, que tengo que leer una cantidad de poemas que no me gustan antes de encontrar los que me gustan pero cuando los encuentro, entonces lo único que puedo decir es "Los encontré" y leerlos por placer.
Lea los poemas que le gusten. No le preocupe el que sean "importantes" o perdurables. Después de todo, ¿qué importa lo que la poesía es? Si quiere una definición de poesía, diga: "Poesía es lo que me hace reír o llorar o bostezar, lo que hace vibrar las uñas de mis pies, lo que me hace desear hacer esto, aquello o nada", y conténtese con eso. Lo que importa con respecto a la poesía es el placer que proporcionada, por trágico que sea. Lo que importa es el movimiento eterno que está detrás de ella, la vasta corriente subterránea de dolor, locura, pretensión, exaltación o ignorancia por modesta que sea la intención del poema.
Puede despedazar un poema para ver que lo hace técnicamente rico y al tener ante sí la estructura, las vocales, las consonantes, las rimas y los ritmos, decirse a sí mismo: "Sí, es esto. Por esto me conmueve el poema: Por la artesanía". Pero está usted de vuelta en donde empezó. Otra vez se encuentra con el misterio de haber sido conmovido por las palabras. La mejor artesanía siempre deja agujeros y grietas en la estructura del poema de manera que algo que no está en el poema pueda arrastrarse, deslizarse, relampaguear o tronar.
Fuente: www.ddooss.org
4 de agosto de 2008
Diane Wakoski - Mi certificado de boda
Hay sombras
que parecen peligrosas manchas
en tus pulmones
llenando
un retrato tuyo
que tengo en mi mente.
3 de agosto de 2008
Patricia Damiano - La voz
la muerte advino
cuando el dictamen:
la voz de la que hablamos
no dice nada
luego
serpiente hube sin parir
Otros hallazgo de Francisco R. Hernández
Derrama el auriga
el gobierno de su estela.
Alguien dibuja las riendas
y responde
del surco y los signos,
de la arena hollada
antes de la arena.
En Breviario invisible



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