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Pausanias y la licantropía

14 de diciembre de 2011




Licaón, el hijo de Pelasgo, concibió los siguientes planes, que fueron más inteligentes que los de su padre. Sobre el monte Liceo fundó la ciudad de Licosura, a Zeus le dio el sobrenombre de Licio y fundó los juegos liceos. Considero que el festival panateniense no fue fundado antes que el liceo. El nombre antiguo para el primero era ateniense, y fue cambiado a panateniense en los tiempos de Teseo, porque entonces fue establecido por todo el pueblo ateniense reunido en una única ciudad. A los juegos olímpicos los dejo fuera del presente relato, porque se remontan a una época anterior a la raza humana, cuando allí lucharon Cronos y Zeus, y cuando los Curetes fueron los primeros en correr en Olimpia. Según creo, Licaón fue contemporáneo de Cecrops, el rey de Atenas, pero ambos no eran igualmente sabios en cuestiones de religión. Porque Cecrops fue el primero en considerar a Zeus el dios supremo, negándose a sacrificarle algo vivo, quemando en vez de ello en el altar los pasteles nacionales, a los que los atenienses todavía llaman pelanoi. Pero Licaón llevó al altar de Zeus Licio a un bebé humano, sacrificándolo y derramando sobre el altar su sangre, y, de acuerdo con la leyenda, inmediatamente después del sacrificio fue convertido de hombre en lobo. Por mi parte, creo en esta historia; desde antiguo fue una leyenda entre los arcadios y tiene el mérito adicional de la probabilidad. Porque los hombres de aquellos días, por su rectitud y su piedad, eran huéspedes de los dioses, comiendo a su misma mesa; los buenos eran claramente honrados por los dioses, y los pecadores eran abiertamente visitados por su ira. Más aún, en aquellos días los hombres eran transformados en dioses, a quienes, actualmente, se honra: Aristeo, Britomartis de Creta, Heracles el hijo de Alcmena, Anfiaraus el hijo de Oicles, además de ese Polideuces y Castor. De manera que podríamos creer que Licaón fue convertido en bestia y que Niobe, la hija de Tántalo, en una piedra. Pero en el presente, cuando el pecado ha llegado a extremos tan grandes y se ha esparcido sobre cada tierra y cada ciudad, los hombres ya no se convierten en dioses excepto en las palabras lisonjeras dirigidas a los déspotas, y la ira de los dioses se reserva hasta que los pecadores hayan partido al otro mundo. A través de las épocas, muchos de los acontecimientos que han ocurrido en el pasado, e incluso algunos que ocurren hoy en día, han sido generalmente desautorizados por las mentiras acumuladas desde que el hecho tuvo lugar. Se dice, por ejemplo, que desde la época de Licaón un hombre se convertía en lobo en el sacrificio de Zeus Licio, pero que ese cambio no era para toda la vida; si, cuando es un lobo, se abstiene de comer carne humana, al cabo de nueve años vuelve a convertirse en hombre, pero si prueba la carne humana, sigue siendo bestia para siempre. 




Grabado neerlandés, atribuido a Hendrick Goltzius,
para una edición de 1589 de Las metamorfosis de Ovidio:
Licaón transformado por Zeus Vía






















Pausanias. Description of Greece with an English Translation by W. H. S. Jones, Litt.D., and H. A. Ormeron, M. A., Libro VIII, Capítulo 2, párrafo 3, Cambridge, MA, Harvard University Press; Londres, William Heinemann LTD. 1918 

Citado por Jorge Fondebrider en Licantropía



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