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Sandra Toro - El jardín del angelastro

22 de octubre de 2010






I


La mujer con sombrero se corrompió /en pleno solsticio de verano./Primero se probó uno/ y otro frente al espejo oval/ que invariablemente le fruncía el ceño: /-Este te hace zíngara-//-Este estrella fugada-/-Este te levanta la pollera y husmea-/No conforme con ninguno /se alejó del espejo y del sombrerero /aunque él la corría arrastrando una boa /que se le enredaba entre las piernas/ poniendo en riesgo su escasa integridad /mientras insistía en llamarla a los gritos.//En el jardín nevaba lila /como siempre en diciembre, /y la mujercita -que a fuerza/ de ser llamada REINA había empequeñecido-/se acurrucó en la hamaca y se mecía /mirando con tristura el asiento vacante /cuando el Angelastro /que la vichaba desde arriba /sacudió la glicina con tantas ganas /que comenzó a nevar más /y más, hasta enterrarla./Hecho lo cual el susobicho /conciente de su atropello se descolgó /de la rama más alta /no sin quebrarse un alita/ dispuesto a escarbar hasta verle /asomar la punta de la nariz./Ahí nomás /le insufló sus alientos afrodisíacos/ y de la nieve no quedó /más que un charquito flúo.//-Uy, qué vibraciones, Angelastro macabro, /pervertido y maleducado..- Le reprochó /en tanto retorcía los calzones/ y los colgaba a secar al sol./El se deshizo en fornicaciones/ términos médicos y morfológicos /los cuales eran su especialidad./Pero no la convenció ni medio.//En eso salió el sombrerero /portando mantel y tetera de porcelana,/ listo para tender la mesa/ bajo la violeta parra./-Tiempo- Arbitró, haciendo sonar el pito /que le colgaba más por coquetería que por utilidad./-Hora del té-/Eso fue demasiado./La constipada comprendió la indirecta /y cedió por eludida. Menos mal, /le quedaba un paraguas sin abrir /y procedió a darle uso para salir flotando /sobre los tejados.//El Angelastro, por más que batió /y batió el alita sana, /no consiguió sino perder algunas plumas /que el sombrerero se apresuraba a juntar/ para coserle a su boa.//La mujercita a esas alturas /se llamaba a sí misma Mary Poppins/ y pomposamente fue a aterrizar /al otro lado de la ruta/.Se desprendió las hojas secas y suspiró:/-Bien pude haber salido mal parida / como la virgen tocaya...-/Y después se alejó cantando /al mejor estilo Julie Andrews.



II


El Angelerdo se quedó / sin trabajo a partir de los hechos./Quiso pedir subsidio por invalidez/ y los santos lo sacaron / vendiendo estampitas: “Qué te creés / que estamos en la antigua Grecia” ”Qué es /eso de arrastrarle el ala a una señora terrestre /por muy voladora que parezca”//Por esos días empezó a desentenderse/ de los otros entes celestes que /le gastaban bromas pesadas/ por el alita mocha./Al final metió la aureola /en la mochila y se fue//En eso estaba, bajando la escalera de Jacob/ cuando la Poppins lo interceptó en un descanso:/ “No puede ser que nos separemos así/ antes de habernos encontrado”/ Le espetó. A lo cual/ no supo qué responder./Por supuesto ella lo tomó como un agravio/ y se dió vuelta entera /mascullando entremeses como paspado/maricóny otros términos freudianos// En el transcurso de la bajada volvieron/ a encontrarse en ocasiones./Algunas se ignoraron, otras/ se lanzaron miradas/ improperios. Las peores, objetos contundentes/ uno de los cuales fue a horadar el paraguas/ devolviéndola al rol de doncella en apuros./”Esta es la mía”Pensó el Angelisto/ y sin más preámbulos realizó/ un picado admirable/ (teniendo en cuenta su precaria condición)/ e hizo tierra justo/ para recibirla en sus brazos.//La damisela perdió el conocimiento en la caída/ para volverlo a encontrar en el triangulito/ del escote del Angelindo/ por donde asomaban unos pelitos muy viriles./”Dicen que los ángeles no tienen...” /empezó a parlotear ni bien recuperada/ pero él no la dejó seguir /y antes de que se arrepintiera se la llevó a los pastos/ donde por largo rato se vio/ un revuelo de plumas/ y unos extraños fulgores/ como fuegos de artificio.



III


De esperarse era que Oropéndola/ adquirido nuevo nombre tras sucesivas / sesiones de frotamientos angelicales/ trastocara también sus formas y sus fondos./”Al final vos buscás lo mismo que todos.../una mujer con alas..”/Dicho lo cual batió sus ídem / como por vanidad o efectismo/ y alzó el vuelo entre los pastizales /dejando al Angelento patizambo y maniroto / ante tremebundo vituperio./ El, dado que su conocimiento de las féminas /se reducía a los anuncios de “Siempre libre”,/ se sentó a esperar que cambiara de parecer con la luna / como había observado ocurría / con las más de las mortales.// Entretanto Oropéndola sintió tumultos en el vientre/ un como rumor de peces. Y santiguóse/ “Angelorro libidinal, descuidado y procreativo”. / El plumaje recién estrenado se le alborotaba/ con los espasmos y contorsiones del bajobombo/ “Menudo qui...”/ No pudo terminar, pues ya asomaba entre sus belfos el huevo. /Con sorpresa avistó al primogénito/ digno de zares,tales sus pedrerías, turquesas y oropeles./Pero el impulso del recienvenido / la había arrojado lejos/ tendida sobre la espalda/ y al levantarse dolorida comprobó/ no sin alaridos, ladridos y otros alardes/ que las negrísimas alas / habíanse desprendido porsiemprejamás.// Por fortuna el sombrerero/ todavía oficiaba de anticuario /y amante como era de coleccionar naderías / se las aceptó en canje por una capa seminueva./”Tomá, ponetelá, mirá si vas a andar así/ que no se sabe bien qué sos/ y a qué género pertenecés”/A Caperucita empezaron a rodarle/ redondas lágrimas que al tocar el suelo/ se convertían en jabón de glicerina/ que recogía y guardaba amorosamente junto a su Fabergé.// ”Daaale. Decíme que llevás en la canastiiita”/ Inquirió el sombrerero/ con una risa llena de dientes/ y ella, viendo que empezaba a despuntar la luna llena,/ se apuró a despedirse para huir/ toda prisa y tropiezos por el camino del bosque.



IV


El bosque abrió la boca/ y se tragó a Caperucita./Como a Jonás en la intimidad de la ballena/ la recibieron toda clase de colgajos/ y babas y líquenes que se le adherían a la piel./”Esto parece obra de Julio Verne” / susurró a Fabergé, que continuaba sin salir del cascarón/ dormido en el fondo de la canasta.//La mujercita caminó, corrió y revoloteó entre las orquídeas/ hasta que al fin se declaró perdida./ Subitamente se encontró cara a cara con el árbol/ un ejemplar que la dejó sin respiración/ así de hermoso él, con un tronco lleno de nudos/ y una melena negra arriba/ de la que provenían extraños rumores y perfumes.// Caperucita se quitó los zapatos y apoyó un pie en las raíces salientes,/ luego el otro, guardando el equilibrio/ puesto que el árbol en cuestión había crecido/ en la margen de un río de corriente voraz//Ni bien estuvo firme extendió los brazos / cuanto le fue posible y se abrazó/ a la humedad del tronco que daba la impresión/ de haberla estado esperando.//Fue al alzar la cabeza cuando vió los frutitos/ raros, de un color naranja como de terciopelo./ Estiró un dedo y los tocó en toda su redondez/ estaban cubiertos de un vellito suavísimo/ y bajo su tacto se encogían levemente.// Lo único importante entonces fue alcanzarlos, tanto/ que en un intento la canasta / se le zafó del brazo y fue a dar de lleno a la corriente/ previo bambolearse un buen trecho entre las piedras./ Caperucita ni lo notó dada su hipnosis/ se estiró y estiró hasta rozar/ los frutos con los labios.// Sacó la lengua y lamió/ hasta que empezaron a gotear una miel/ que se le escurría por el cuello/ mojándole los muslos./Fue ahí cuando el árbol la rodeó con sus ramas/ y la frotó con otros frutos ocultos/ tan fragantes y flagrantes que embobaban los sentidos// Los jugos del árbol bañaron a la mujercita/ que abría las piernas y la boca/ entonando sonidos como ruegos o canciones salvajes./ Así permanecieron, ella/ arañando las lianas/ que la sujetaban con fuerza y la enroscaban/ y se le metían por debajo del corpiño.El,/ estrenando prolongaciones para hurgarla/ y hendirla y perforarla mejor.//Hasta que no se pudo más/ e hincó los dientes en los frutos/ que primero sangraron y después/ se deshicieron en lágrimas mientras el árbol/ se sacudía, y a cada sacudida/ le temblaban las hojas y las flores/ empezando a caer como una lluvia lila.//”Ahora sí te reconozco” le reclamó con voz todavía entrecortada/ “Angelárbol mendaz, engreído y traicionero”/Y sin esperar respuesta se lanzó río abajo/ a la corriente espumosa que se la llevó/ en andas en un santiamén.



El placard, blog personal de S.T., 2006



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