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Henri Michaux: Atmósfera de adulación y atmósfera de desvalorización

13 de diciembre de 2008




Reflexiones



En literatura, y con particular evidencia en la poesía tradicional de todos los tiempos y lugares, las imágenes comparativas están para poner de relieve algo. Satisfacen la inclinación a volver admirable y tienden a hacer presente un sentimiento irradiante que sin remitir aparentemente a uno mismo hace que la naturaleza entera participe en el trabajo de seducción y complacencia.



Atmósfera de adulación en la que el oyente es atraído.




El estilo encantador y sus imágenes insinuantes, el transformar los hechos, los objetos y las situaciones, tienen el aspecto de estar haciendo la corte. Y en verdad la hacen.



Si las imágenes en poesía parecen hechas para resaltar, las del sueño nocturno habitualmente parecen hechas para devaluar.



Operación de zapa.



Atmósfera de desvalorización

Lo que en verdad debemos llamar perversidad del soñador nocturno, desengañado de todo, invirtiéndolo todo, y que no funciona con ningún tipo de ennoblecimiento ni tampoco se parece por sus maneras de mostrar a los recriminadores, los grandes indignados de la época, cuyos rechazos, no obstante lustrosos, cuyos ataques que pretenden ser despreciativos todavía están llenos de entusiasmo, y por lo tanto de fe, de idealismo. Por otra parte, ¿qué es la violencia y la revuelta que mira al público para atraerlo? Eso tiene muy poco que ver con las maneras secretas, personales, malsonantes y traicioneras del soñador nocturno.



Además, conducidas o dirigidas por el “yo” social, reducidas a una o a un pequeño número, las imágenes del escritor de imaginación podan, reducen, simplifican a fin de concordar con otros, por lo menos con algunos otros, para ser legibles.



Imágenes bajo vigilancia. Preocupación de ser seguidas, apreciadas.



En el sueño, hay dos, tres, cuatro, cinco comparaciones que, fijadas en un tema o una persona, sustituyen sus particularidades directamente, dándole el sombrero de otro, la barba de otro, la sonrisa de alguien más o su manera de andar o su edad, y sin embargo sabemos que a pesar de todo se trata de esa misma persona. E igualmente el lugar es (sin serlo) el lugar que conocemos, disfrazado con una de las particularidades de otro, o de un tercero, por obra de un revestimiento raro pero que que a menudo parece obvio; e igualmente las situaciones, formadas por varias que no tienen mucho que ver entre sí, que no tienen más que un punto en común pero que se ha fijado como definitivo, convirtiendo la situación compuesta casi en una esfinge que no podremos desechar y que en efecto ya no es legible, al menos inmediatamente, sino que es un jeroglífico, uno o varios jeroglíficos. […]




Transcripto de De maneras de dormido, maneras de despierto (1969)


En Antología poética 1927-1986


Trad. Silvio Mattoni


Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2005


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