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Juan Domínguez Prieto, Los poetas del silencio - Preliminar

13 de abril de 2008







(…)

Dicen que cuando Adán hablaba, cantaba poéticamente; se participaba en verso. Es la metáfora sutil de que el Hombre, en estado de Gracia, se halla permanentemente cercado, y hasta intimado, de inspiración. La emanante intensidad de los frutales paradisíacos está, tal cual, en el pomo pequeño de su alma. Desnudo, no precisa de veste, pues va revestido -en una constante condición- del Dios que todo lo inspira.

Cuando Adán acepta la ilusión del endiosamiento, cambia la inspiración por el trabajo. Despierta, por su culpa, a esa desnudez sin Gracia que se llama la intemperie. Necesita tapar haber querido ser como Dios. Y se ve expulsado adonde, en su labor, precisa de sudarios y cubrimientos: como antiguo poeta, se ve desterrado al trabajo de escritor y a la impostura.

Pasado el tiempo, hasta puede olvidarse que hubo una presea de gratuidad; que la desnudez graciosa, que la oriunda lira –como el león y el cordero- pacían juntos en los sacros pagos del Edén. ¿Hubo un Jardín o fue el Jardín un sueño? /…/ …Ya es impreciso/ En la memoria el claro Paraíso 5.

Y el viejo poeta necesita hacer memoria del Nuevo Adán. Éste -y no primeramente el de la escritura- es el arresto que va a autentificarle. El poeta no precisa ocho horas de trabajo en la curva del sol; sino todas -también las de su Noche-, ardidas en memorial adámico.

Ganarás el pan. Pero puede ser aún en su arte -el poeta- el que convierta en -casi- ángeles a los comedores de pan. 6 Adán todavía, en constante y amorosa memoria del Nuevo Adán, puede traer el retorno, desde su exilio, a la ancha libertad de la obediencia; la vuelta, de veras, a la inspiración y a la creatividad, desde la diáspora y la intemperie que le hicieron olvidar la ucronía hábil para el canto.

No se cree o no en la inspiración. Se respira, o no, el Edén místico, constante en sus vernales aguas de Vida. Desde la Ilustración y la orfandad de sus Luces, la amnesia ha gritado trágicamente una inspiración sin Utopía: el trabajo neto del poeta; es, si sólo eso, lo que le mantiene fuera del Jardín. Ha olvidado que Utopía, primeramente, fue in-ventado Topos. Ha olvidado el Lugar, su hermoso corpus desnudo: toda su limpia desnudez convocada a labios tocables por el fuego 7.

(…)

Notas

5 Jorge Luis Borges: ‘Adam Cast Forth’, El otro, el mismo (1964). En Obra poética 1923/1977. Alianza Tres / Emecé, Madrid, 1981, 2ª edición ampliada, pág. 265.

6 J. Slowacki

7 Cfr. Vocación de Jeremías en Jeremías 1, 9; y vocación de Isaías en Isaías 6, 6-7.






Antología viva y confidente de la inspiración -Los poetas del silencio-
(Edición cronológica de textos)
Madrid, adamaRamada ediciones, 2006, págs. 11 y 12

http://adamaramada.org









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