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Mahmud Darwish - La muerte del fénix

2 de octubre de 2007



En los himnos que cantamos
hay una flauta,
en la flauta que nos habita
un fuego
y en el fuego que encendemos
un Fénix verde.
En su elegía no he distinguido
mi ceniza de tu polvo.

Una nube de lilas basta para ocultarnos

la jaima del pescador.
Camina, pues, sobre las aguas como el Señor.
Ella me ha dicho:
El recuerdo que llevo de ti no está desierto
y ya no hay enemigos para las rosas que
surgen de los escombros de tu casa.

Un anillo de agua rodeaba la elevada montaña
y el Tiberíades era el patio trasero del primer Paraíso.
Le dije: la imagen del universo se ha completado
en unos ojos verdes.
Ella me respondió: Oh, mi príncipe y mi cautivo,
guarda mis vinos en tus jarras.

Los dos extraños que se han consumido en nosotros

son esos que hace un instante han intentado matarnos,
los que volverán a sus espadas dentro de poco,
los que nos preguntan: ¿Quiénes sois?
-Dos sombras de lo que fuimos aquí,
dos nombres del trigo que crecen en el pan de las batallas.

No quiero regresar ahora,

como los Cruzados de mi casa. Soy
todo este silencio entre los dioses

y los que se inventaron un nombre.
Soy la sombra que camina sobre las aguas,
la escena y el testigo,
el adorador y el templo
en la tierra de mi asedio y del tuyo.

Sé mi amado entre dos guerras
en el espejo -dijo ella-.
No quiero regresar ahora a la fortaleza de mi padre.
Llévame a tu viña y reúneme con tu madre.
Perfúmame con agua de albahaca, espárceme
sobre la vasija de plata, péiname,
enciérrame en la cárcel de tu nombre, mátame
de amor. Cásate conmigo.
Despósame por los ritos agrarios,
adiéstrame en la flauta y quémame para que nazca
como el Fénix, de mi fuego y del tuyo.

Una forma semejaba al Fénix llorando
ensangrentado
antes de caer al agua
cerca de la jaima del pescador.

¿De qué sirve mi espera y la tuya?


Del poemario ¿Por qué has dejado al caballo solo? (1995)
Traducción del árabe: María Luis Prieto
En
Poesía árabe

1 comentarios:
El Toro de Barro 4 de octubre de 2007, 16:26  

"El recuerdo que llevo de ti no está desierto
y ya no hay enemigos para las rosas que
surgen de los escombros de tu casa."

Quien haya recorrido las riberas del lago de Galilea, cuyos habitantes lo conocen como el "Kenereth" o lago de las árpas, sabrá que imagenes como estas solo pueden ser sacadas por un poeta árabe consumido por el exilio lejos de su paraíso...

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