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Miguel Sánchez - Pretendientes

7 de septiembre de 2007





la hiedra, el musgo, y otros pretendientes selváticos
se subían tronco arriba buscando esa luz amarilla
que tienen las llamas cuando se hacen redondas
pero al astro rey parece ser que le daba igual
eso es lo malo de ser una araña de color verde
el sentido y la sensibilidad parecían tan ausentes

los senderos eran heridas tercamente curadas
en la maraña vegetal con gibas llenas de hormigas
y al levantarse la tarde en sus silencios vapores
venía el escribano al sitio y agarrarlo al tema
se estaba forjando el preámbulo enciclopédico
para una saga de ciencias embrionarias agrarias

los celosos pretendientes silvestres en su reino
torcían levemente la espalda a los curiosos y
exageraban la fronda o inventaban serpientes
en las formas de algunas ramas que se pudren
mientras que el pájaro bobo lloraba una lágrima
del tamaño de una uva grande como la luna.


Miguel Sánchez en Adamar



3 comentarios:
Sergio G. Rabadá 11 de septiembre de 2007, 16:49  

Le pido, a la poesía, alejarse de los comunes sitios de los neófitos.

Disculpame (si deseas podés borrarlo, jamás me ofendo cuando puedo evitarlo).

patricia damiano 11 de septiembre de 2007, 22:52  

el disenso es fructuoso. Discrepo contigo. No veo lugares comunes en este poema. Por algo lo inserté en mi espacio y te invito a señalármelos.

También le pido a la poesía esa lejanía que acá está ¿vision pequeña la de cada cual?

Sergio G. Rabadá 12 de septiembre de 2007, 8:55  

Mis gafas no me funcionan (y eso que hasta he probado el truco de los golpes), siguen mostrándome un mundo a rayas sicodélicas bajo el astro rey, quizás por eso las pequeñas miradas (temor de enredarme en la maraña vegetal, tal vez).

Sin embargo no me quedé en mi primer lectura, ciencia embrionaria que solo estimula los prejuicios, y seguí leyendo con ojos de mandril (culpa de las rayas que te he contado).

Salvo esas cosas el poema me gusta, pero es como tomar un tenedor metálico sumergido durante mucho tiempo en el guiso hirviendo, la primera reacción es soltarlo.

Un abrazo.

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